1# Mal de ojo

Decidió visitar a la bruja porque pensaba que tenía un mal de ojo. Dos noches atrás, durante una pelea en la taberna, una gitana a quien había golpeado con una botella le tiró un mal de ojo y desde aquel momento todo había ido de mal en peor.

El día siguiente a la pelea se despertó con un dolor insoportable en el brazo izquierdo, al inspeccionárselo la única anomalía que encontró fue un ligero moratón en la axila. «Mucho dolor para tan poco rasguño», pensó.

Más tarde, a media mañana, trató de aliviar esa molestia ahogándola en vino, volviendo a la misma taberna de la noche anterior. El tabernero nada más verlo entrar comenzó a lanzarle improperios, acusándole de haber iniciado la pelea y ser el causante de tanto destrozo, motivo por el cual le exigía la reparación de los diversos desperfectos que se provocaron durante el altercado.

Con una rápido vistazo al lugar se percató de que la taberna estaba destrozada, de la veintena de sillas que había solo una media docena se mantenían en pie; las mesas que habían sido reparadas de la mejor manera posible, estaban todas cojas, incluso una de ellas estaba apilada en una esquina, rota, partida en varios trozos. Las paredes estaban salpicadas de manchas de lo que parecía ser vino. «Quizás sea sangre…», se dijo a si mismo llevándose la mano a la sien. Aquella noche había bebido tanto que no era capaz de recordar exactamente nada. Nada salvo a aquella gitana.

Todo el local apestaba a alcohol, y tras aguantar el sermón del tabernero, no tuvo más remedio que bajar la cabeza y pactar con él un acuerdo para asumir el coste de las reparaciones, por lo que desechó su idea inicial de beber. Una vez fuera de la taberna, de camino a casa, trató de recordar que había pasado exactamente, pero las imágenes pasaban ante sus ojos tan veloces y borrosas que no podía verlas con claridad. Anduvo largo trecho hasta llegar al edificio donde vivía, en la entrada le esperaba su amiga Eli.

Eli era una chica que se caracterizaba por su radiante felicidad y buen humor, cualidades que pasaban desapercibidas por completo en aquel momento mientras recibía otro sermón. Gracias a la explicación de su compañera comprendió un poco más sobre que había pasado en la taberna.

«¿En qué momento de lucidez se me ocurrió retar a dos gigantes de fuego a beber absenta?» En vez de obtener respuestas obtuvo más preguntas. Eli se despidió con frialdad y se marchó. La imagen de la gitana le volvió a venir a la cabeza. Su mirada le hacían sentirse desnudo, incómodo, y cuando trató de recordar algo sobre aquellos ojos una punzada en el brazo le devolvió a la realidad. Desde que había entrado en la taberna ni se había acordado del dolor, no había bebido, pero al menos se había olvidado de él.

Subió las escaleras lentamente hasta llegar a su dormitorio. Se encontró la puerta  medio abierta, la abrió con cuidado y se encontró con un ladrón que rebuscaba por todos lados. Éste al percatarse de su presencia trató de salir corriendo por la puerta golpeándole en el brazo derecho con una especie de destornillador, provocándole un corte. Se llevaba la mano al brazo cuando la axila comenzó a dolerle con fuerza, haciéndolo caer al suelo, mientras el ladrón conseguía escapar.

Se levantó y trató de llegar a la cama sin mover los brazos, preguntándose qué estaría buscando en su casa. Tras recuperar el aliento, se limpió la herida con mucho cuidado, y una vez cansado, se estiró en la cama tratando de recordar que había pasado la noche anterior.

Tuvo un sueño donde volaba. Veía la ciudad bajo sus pies, iluminada por las luces que emitían unas cuantas antorchas, se acercó a un edificio y se percató de que era la taberna, miró a dentro y se vio bebiendo. Continuó mirando dentro de la gran sala y divisó a la gitana, ésta se mantenía al margen, con una cesta en su regazo, sumergida en sus pensamientos. Hasta que alzó la mirada y clavo sus ojos con los suyos, tal fue la sorpresa que cuando abrió los ojos, se encontraba en la cama, con un dolor insoportable en ambos brazos y con un sudor frío corriéndole por la frente.

Trató de dormir hasta el alba, pero le fue imposible, la imagen de la gitana mirándole le aparecía cada vez cerraba los ojos. Lentamente la larga y fría noche terminó, y cuando el sol comenzaba a asomar tras las nubes, decidió levantarse y buscar una bruja que pudiera quitarle el mal de ojo.

Se aproximó a casa de Eli, ella un poco más alegre que el día anterior accedió a buscar a alguien que pudiera ayudarle, le habló de unos marchantes que se reunían en la plaza mayor, se dirigieron allí y divisaron unas paradas.  Se acercaron y observaron tiendas donde, gurúes, hechiceros, brujas y timadores ofrecían sus servicios por un módico precio.

Su amiga tras preguntar, le señaló una de las paradas de la esquina, apartada de las demás, con una cortina como puerta. Se acercó, apartó la cortina para entrar al interior y se encontró con la gitana.

 (El relato debía comenzar con la frase inicial: Decidió visitar a la bruja)

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