5# Escena nº 13

La hoja permanecía completamente en blanco. La mano de la joven escritora dibujaba círculos en el aire, esperando la llegada de una idea. De hecho, ella esperaba una escena navideña, es más, tenía un montón de ideas sobre la Navidad.

Hacía días que no escribía nada, el plazo de entrega para enviar el relato terminaba en dos días y la hoja aún seguía en blanco. Cansada de no encontrar algo que le hiciera saltar la chispa se levantó, salió de su estudio y cruzó el pequeño pasillo hasta llegar al comedor. El gato negro dormía, como siempre, en su rincón del sofá. El sol comenzaba a ocultarse, y la oscuridad luchaba por adentrarse en la habitación.

Mientras se dirigía al armario el gato abrió un ojo al escucharla y volvió a cerrarlo al ver que la cosa no iba con él. La escritora abrió la puerta del mueble, miró en su interior, sacó una pequeña caja metálica de bombones, y con la mano libre cogió un cenicero. Se ayudó con el codo para cerrar la puerta del armario. Se acercó al sofá y se sentó mientras el gato arqueaba las orejas.

Colocó el cenicero y la caja metálica en la mesa, abrió la tapa y cogió un rudimentario pitillo. Se lo llevó a la boca y lo prendió con un mechero. Inhaló un par de veces y el blanquecino humo comenzó a expandirse por todo la habitación. Era el momento de darle un respiro a la mente, para que descansara y volviese con más fuerza. Tras varias caladas, comenzó a sentirse más relajada y tranquila.

Casi sin darse cuenta el gato negro comenzó a caminar entre sus pies. «Un gato negro», pensó sin querer. «¿Por qué traerán mala suerte los gatos? ¿Y romper un cristal? ¡O pasar por debajo de una escalera!», se dijo a sí misma.

Encendió el portátil que estaba en la mesa y buscó en Google el origen de este tipo de supersticiones. La búsqueda de estas palabras le llevó a Wikipedia, información de fácil y rápido acceso. Dicha información hablaba de una supuesta relación entre gatos ya fueran negros, grises o verdes y las brujas, motivo por el cual tenían esa mala fama.

Le llamó la atención la caza de brujas y abrió otra página en busca de más información. En una de ellas, al abrirla le apareció un gigantesco candado que le bloqueaba el acceso. «Pagina bloqueada temporalmente», leyó para sus adentros. La cerró y continuó buscando por otro tipo de páginas, leyendo todo tipo de supersticiones, hasta que encontró a una en la que se remarcaba como un día muy negro el 13 de Octubre del año 1307.

 Fue entonces cuando se percató de la fecha en la que estaba. Volvió la vista al calendario que colgaba de la pared, allí un gran número trece debajo de la palabra Viernes escrita la miraba fijamente. Comenzó a preocuparse y por su cabeza solo pasaban aquellas cosas que te suelen decir sobre la buena y la mala suerte.

Escuchó un ruido y se giró. Sin querer golpeó el cenicero que cayó al suelo. «La suerte no existe», se dijo mentalmente mientras recogía el cenicero y lo colocaba de nuevo en la mesa. Al levantarse del sofá el mando cayó al suelo, pilas y tapa, salieron disparadas cada una por un lado. Se agachó para recoger ambas cosas mientras se volvía a repetir que la suerte no existía.

Un voraz apetito comenzó a invadirla, se dirigió a la cocina dónde encontró unos pastelitos de chocolate, ideal en estos casos. Tras acabar con un par de ellos, volvió al sofá y se sentó, dejándose caer lentamente hasta quedar completamente tumbada, somnolienta. Allí comenzó a soñar despierta.

Soñó que había escrito el relato y lo había enviado, un relato del cual ella estaba muy contenta y satisfecha, pero al levantarse, aún dentro del sueño, resultaba no ser cierto. La hoja permanecía en blanco, igual que el día anterior, y ya solo le quedaba un día para terminar el relato, por lo que tras maldecirse se sentaba en la silla y tras meditar un tiempo, comenzaba por escribir el título.

Al despertar a la mañana siguiente un leve dolor en las cervicales le recordó que había pasado la noche durmiendo en la misma posición. Se masajeó la zona afectada y se levantó, caminó hasta su estudio. Al sentarse y coger el bolígrafo para comenzar a escribir vio como la hoja estaba escrita de margen a margen con un título que rezaba “Escena nº13”.

(Un personaje supersticioso y debían aparecer las palabras: escritor, trece y candado)

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