6# Borrachera

Ese momento antes de tocar el suelo, ese segundo que por un momento se hace eterno, por el que normalmente pasan miles y miles de cosas por la cabeza. El temido jinete no pensó ni por un momento como de fuerte sería el impacto contra el suelo. Embriagado con Sangre[1] notaba las motas de polvo cada vez más próximas a su rostro. Incapaz de mantenerse un rato más en el aire, y viéndose en una pose muy estúpida, decidió que ya era el momento de hacer frente a la suciedad del suelo y lanzarse en picado hacia ella.

En un mundo donde todo lo inimaginable es posible y todo lo absurdo se reúne para nombrar a un campeón, donde las verdades universales carecen de sentido, encontramos una chabola en un lago, en una diminuta isla accesible únicamente por los bloques de hielo que se forman entre el mediodía y la hora de la siesta.[2] Un sonido seco, procedente del interior, hizo huir a los pocos pájaros que descansaban en las ramas de los árboles más cercanos.

—¡Te digo… gue esde luugád… mmmmmola! —balbuceó Guerra mientras seguía bebiendo de su jarra vacía.

—Eso has dicho de los tres últimos sitios donde hemos ido, ya no eres creíble —contestó su hermano con un tono tajante—. Me parece que esta noche nos volverá a tocar llevárnoslo a rastras… —concluyó dirigiéndose a los demás.

—¡Shh! —mandó callar Guerra con un gesto.

—¿Habéis oído eso? Creo que se refería a ti Hambre —dijo Muerte amagando una sonrisa en su blanquecina calavera.

Guerra rápidamente le señaló con la jarra. Hambre que no entendía que pasaba miró a su cuarto hermano, Victoria, buscando una respuesta, pero lo único que consiguió fue verlo abrazando a una fregona, preguntándole a qué hora terminaba de trabajar.

—¿Qué estáis…? —Estaba diciendo cuando fue cortado por Muerte.

—¡Díselo a la mano! —espetó al tiempo que le ponía la mano a un centímetro de su fea nariz. Muerte y Guerra comenzaron a reír tanto que hasta Victoria apartó los ojos de su amada fregona y se sentó junto sus hermanos. Momento que aprovechó para pedir otra ronda de Sangre al anfitrión. Una vez los cuatro hermanos tenían una jarra cargada con el espléndido jarabe, Victoria se aclaró la garganta y se acarició el pelo.

—¿Creéis que tengo posibilidades con Betty? —preguntó mirando de reojo a la fregona apoyada en la pared—. Llevo un buen rato hablando con ella, y aunque es un poco tímida, creo que tengo opciones… ¿Qué? ¿Qué pensáis? —volvió a preguntar.

Los cuatro intercambiaron miradas, Hambre carraspeó y bebió de su jarra. Guerra que no quería ser menos, bebió un gran sorbo, del cual la mitad fue al suelo y la otra se deslizo por su espesa barba. Muerte al ver que ninguno de sus hermanos tenía intención de decir nada miró a Victoria.

—¿Quién coño es Betty, tío? —dijo mientras miraba fijamente a su hermano a los ojos.

—¿Cómo qué quién es Betty? —respondió atónito—. ¿Acaso no ves a esa pelirroja que nos está mirando?

Los tres hermanos miraron en dirección donde se suponía que debía de estar Betty la pelirroja, pero lo único que vieron fue una fregona. Muerte y Guerra se miraron, el primero se giró en dirección al anfitrión.

—Perdona, ¿Betty, es tu hija? —le preguntó buscando algo de sentido a todo esto.

 —Sí —respondió un poco intimidado.

—¿Y se puede saber dónde está?

—Lleva más de una hora esperando que tu amigo suba a su habitación —contestó para sorpresa de todos—. Pero no sé que le ha dado por abrazarse con esa sucia y asquerosa fregona.

[1]Bebida alcohólica típica de los barrios bajos de Nisa. La receta es custodiada por los Sangrantes, conocidos así por ser los únicos en conocer los misterios de este potente jarabe, la transmisión se lleva a cabo entre abuelos y nietos, por lo que el padre y el posterior hijo siempre quedan al margen. Se rumorea que uno de los ingredientes es sudor de gato, lo que explicaría la dilatación de las pupilas y la constante transpiración de axilas. Sea o no cierto, los síntomas de un bebedor de sangre siempre son los mismos. A los dos mencionados anteriormente hay que añadirle una extraña sensación de flotabilidad, exteriorización del propio ser como si de un videojuego se tratase y por último una falta de equilibro total cual gato sin bigotes.

[2] Las horas más frías del día transcurren en este lapso de tiempo.
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