12# La torre del alquimista (3ªparte)

—Por favor. No me hagáis nada —contestó sorprendida con una voz tierna y melosa al ver a los dos guardias armados. Niggle parecía desconcertado. Aquella voz le era muy familiar.

—¿Gilda, eres tú? —preguntó—. Soy yo. Niggle. No va a pasarte nada —concluyó mientras se acercaba a ella quién sorprendida alzó la vela hasta iluminar su rostro.

Sus ojos color miel estaban rojos y las lágrimas le corrían por las suaves y rojizas mejillas. Su violácea melena le caía hasta la espalda donde descansaban unos pequeños rizos. Bajo la capa vestía unos pantalones desgastados de color marrón y una camisa de lino blanca, completamente mojada y llena de barro. Temblaba, pese al asfixiante calor que provenía del piso superior.

—No lo encuentro —sollozó Gilda acercándose a Niggle y abrazándolo.

—¿A Jahzúr? Hob y yo estamos buscándole —habló con el fin de tranquilizarla—. ¿Has mirado arriba? —preguntó Hob alzando la mirada hacía la escalera.

—No encontraremos a Jahzúr en la torre —dijo para sorpresa de ambos—. Hay que buscar el libro —respondió secándose unas lágrimas de los ojos.

—¿Cómo que no le encontraremos? —intervino Hob—. ¿Y de qué libro hablas?

—No hay tiempo para explicaciones. Hay que buscar ese libro y huir de aquí —contestó tajante Gilda.

—¿Qué nos pueden decir ese libro sobre lo sucedido? —quiso saber Hob ante tanta insistencia. Gilda sin girarse le entregó un libro y le indico que lo abriera.

 —Léelo —le ordenó.

—Año cuarenta, quinto mes, día trece —leyó en voz alta—. Hoy he conseguido hacerme con los tres bigotes de hembra en celo de lince negro. No ha sido tarea fácil. Estos animales son difíciles de encontrar, muy difíciles —continuó leyendo bajo la atenta atención de sus dos acompañantes—. El rumor de que habitaban en las montañas bajas del sur de Tarión era cierto… —concluyó mientras miraba a Gilda esperando una explicación—. ¿Qué tiene que ver esto con la explosión? —quiso saber Hob.

—Son las anotaciones de todos los pasos que siguió para realizar el experimento —contestó ella—. Uno de estos tiene que ser el que nos diga en que estaba trabajando exactamente —añadió señalando las estanterías.

—¿Tienes idea de la cantidad de libros que hay aquí, Gilda? —intervino Niggle que había permanecido en silencio hasta ahora—. No podemos entretenernos, podría producirse otra explosión que destruyera por completo la torre —añadió mientras ojeaba un par de libros que había en un escritorio.

—¡Algo habrá que hacer! —gritó desesperada—. Jahzúr ha desaparecido, no hay rastro de él y la única forma de averiguar qué ha pasado es saber en que estaba trabajando —sollozó con voz temblorosa.

—Tranquila. Seguro que está bien —dijo tratando de calmarla.

—La última vez que le vi fue antes de la explosión —comenzó a explicar—.  Me dirigía al pueblo cuando escuché un fuerte estruendo —continuó mientras miraba a Hob a los ojos—. Cuando llegué subí corriendo, pero lo único que pude ver fue un enorme agujero en la pared —sollozó dejándose caer de rodillas y comenzando a llorar. Niggle se acercó a ella y la rodeó con un brazo.

—Tenemos que salir de aquí antes de que esto se venga abajo —sugirió Hob mirando a su compañero.

—¡No podemos irnos y dejar las anotaciones de Jahzúr aquí! — exclamó Gilda mientras se levantaba al escuchar al guardia—. Las necesito para saber que ha pasado exactamente —dijo mientras se volvía hacia las viejas y mohosas estanterías. Ambos la miraron perplejos, sin saber que decir.

El sudor le caía a Hob por la frente. El humo cubría la habitación por completo y cada vez les costaba más respirar. Niggle se acercó al ventanal y lo abrió con el fin de ventilar la sala. Una ráfaga de aire entró por la habitación y la llama de la vela bailó enrabietada a punto de apagarse. La lluvia volvía a hacer acto de presencia y el sonido de las olas chocando contra las rocas llegaba tenuemente.

—Hay que buscar otro libro más —dijo Gilda mientras se agachaba para revisar los estantes inferiores.

—¿Otro? —replicó Niggle.

—Sí, otro —contestó ella—. Es rojo y en el dorso tiene el grabado de un fénix. No es muy grueso… —concretó mientras seguía buscando.

—¿Porqué es tan importante ese libro? —quiso saber Hob cuando se percató que la habitación estaba vaciándose de humo.

—En ese libro, Jahzúr, escribió que hacer si el experimento salía mal. Quizás nos de alguna pista sobre que estaba haciendo —sugirió ella.

—¿Estás segura de que está por aquí? —preguntó Niggle tras revisar sin éxito un par de ellos—. Quizás esté arriba —añadió.

 —No —respondió rápidamente Gilda—. Yo misma lo guardé en uno de estos estantes hará cosa de un par de días… Me dijo que no lo necesitaba más —añadió mientras inspeccionaba un libro—. Lo dejé por aquí pero con la explosión muchos libros están tirados en el suelo… —se quejó mientras lanzaba un libro desesperada.

—Seguid mirando vosotros por aquí —dijo Hob—. Voy a subir. Quizás encuentre algo que nos de alguna que otra respuesta —continuó mientras miraba la escalera.

—Ves con cuidado —le advirtió Niggle.

Hob se disponía a subir cuándo otra explosión les cogió desprevenidos. Toda la torre tembló y unos maderos en llamas cayeron a la biblioteca, mostrando parte del piso superior. Los tres miraron asustados los restos en el suelo y luego al agujero.

—¡En cuanto baje, nos marchamos echando leches de aquí!— exclamó mientras comenzaba a subir velozmente las escaleras. Niggle y Gilda asintieron con la cabeza y continuaron con la búsqueda.

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