16# Ataque directo

Sylvia se coló grácilmente por la ventana y se ocultó tras unas cajas. Había evadido a todos los guardias hasta el momento pero ahora el almacén tenía la puerta custodiada por dos enormes gorilas armados con ametralladoras y tres hombres más, igual de armados, patrullaban. Tenía que cruzar aquella puerta si quería hacerse con los documentos secretos y cumplir la misión. Debatió un instante sus posibilidades, observó su pauta de movimientos hasta encontrar algún lugar por donde poder actuar, y tras unos minutos observándoles se preparó mentalmente.

Descartó un ataque directo, el único escondite eran los pocos pilares que había y las cajas donde ahora mismo estaba oculta, salir de allí supondría exponerse completamente. Pensó en acabar primero con los dos gorilas y usarlos como cobertura para acabar con los tres restantes, utilizando una granada de humo. Pero tenía que salir todo a la perfección y cualquier error sería fatal. Sylvia desenfundó el arma, una pistola tranquilizadora completamente blanca. Disponía de un cargador de cinco dardos, esto la obligaba a no errar ningún disparo. Con la mano libre cogió del bolsillo la granada. La activó y la lanzó rápidamente delante de la puerta.

Al caer al suelo explotó y una nube blanca comenzó a invadir la zona. Saltó por encima de las cajas y disparó a uno de los gorilas, el dardo le impactó en el cuello y antes de notar siquiera el pinchazo ya estaba cayendo al suelo dormido. El otro, alterado tras ver a su compañero en el suelo, buscó en vano con los ojos entrecerrados. No se percató de cómo un dardo le impactaba en el brazo, Sylvia había disparado a ciegas a través del humo. Se llevó la mano al proyectil, un gesto inútil, el suero había penetrado y su efecto ya había comenzado.

Los otros hombres al escuchar la explosión se ocultaron rápidamente tal y como ella había supuesto, rodó hasta el pilar más cercano y desde allí, oculta por la humareda disparó. El hombre oculto cayó de bruces al suelo, ella tras verlo se deslizó hasta uno de los gorilas, y lo utilizó de cobertura como había pensado.

«Todo sigue según lo previsto», se dijo a sí misma. Ahora solo tocaba esperar a que los otros dos se acercaran a investigar y acabaría con ellos. Tardó unos instantes en percatarse de que la granada dejó de funcionar, la silueta de dos hombres acercándose uno por cada lado comenzó a dibujarse a través de la cortina de humo.

—¡Estas rodeada! —gritó uno de ellos.

  Sylvia disparó nuevamente y el dardo impactó en la pierna del que se acercaba por la derecha, lo que provocó que cayera al suelo y antes de que el otro se diera cuenta, disparó rápidamente su último dardo.

Tras el tiro sólo se oyó un ruido metálico, la velocidad con la que se había efectuado el disparo fue crucial, el proyectil impactó con el arma y no con su portador. Al darse cuenta de que había errado, se decidió por salir de su cobertura y atacar directamente a su enemigo.

El hombre, que había retrocedido ante el disparo, volvió a ponerse en posición defensiva, apuntó y trató de disparar. El dardo de Sylvia había impactado en el gatillo haciendo imposible que la ametralladora pudiera disparar. Ante la sorpresa de ver como su arma no disparaba y de cómo la mujer se le abalanzó emergiendo de la humareda, no pudo evitar la patada que ésta le propinó. Cayó de espaldas al suelo y antes de poder reponerse otro nuevo ataque de Sylvia estaba en camino. Éste sí pudo evitarlo, con un movimiento rápido esquivó un puñetazo y con un golpe seco del codo la hizo caer. Ambos estaban medio tendidos en el suelo, lentamente se levantaron y adoptaron posiciones defensivas, observándose mutuamente.

El primero en atacar fue él, trató de propinarle un rodillazo en la pierna, Sylvia a duras penas pudo esquivar el ataque. Sin percatarse, otro feroz golpe fue directo a su rostro, notó los nudillos en su mejilla y cayó fuertemente contra el suelo. Allí notó como la sangre le corría entre los labios, trató de levantarse con rapidez. El hombre con paso seguro se acercó a ella y levantó el puño para darle el golpe de gracia.

—Alto, cabo Maeso. Es suficiente, la recluta ha aprendido la lección —habló una voz a través de un altavoz.

—No hacía falta que pegaras tan fuerte —le recriminó Sylvia a su agresor.

—Un entrenamiento debe de efectuarse como si una misión real se tratara —añadió él fríamente.

(El relato debía contener una escena de lucha y la palabra: secreto)

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