17# Dolor de barriga

Mikel estaba sentado en la taza del váter con los gallumbos por los tobillos. Hacía días que no conseguía cagar y eso hacía que estuviera de muy mala hostia. «Maldito kebab de los cojones», pensó asqueado ante aquella situación. Por más que apretaba no conseguía sacar nada.

Hacía tres días sus amigos y él habían ido a Barcelona a ver el famoso Cirque du Soleil. El viaje hasta allí había sido una tortura, a las tres horas de coche había que sumarle una hora para encontrar aparcamiento y les había dejado por lo menos a él, con el culo cuadrado. Para colmo, no fueron capaces de encontrar sitio cerca de la carpa del circo y tuvieron que andar colina arriba un buen trecho.

Llegaron con apenas una hora de tiempo para que empezara la función, lo que les obligó a buscar un sitio donde cenar. «Bueno, bonito y barato», se dijo a sí mismo cuando llegaron y vieron varios puestos de comida rápida. La primera de todas era de kebabs, y Mikel decidió ir a ese, sus compañeros por el contrario fueron a uno que hacia unas hamburguesas que rebosaban aceite por todos sus poros.

Cenaron en unos bancos que no distaban mucho de la entrada a la carpa. Las colas se comenzaban a formar y la noche comenzaba a caer sobre ellos. Las dos chicas con las que iban estaban entusiasmadísimas con la idea de poder ver la actuación. Desde el día que compraron las entradas no hicieron otra cosa que hablar de ello, y como no podía ser menos, todo el viaje en coche también. Mikel estaba un poco harto de ellas y de sus comentarios por lo que miró a su alrededor buscando con que distraerse.

A lo lejos una pareja de ancianos se acercaba con paso lento a su posición. Parecían enfadados, él hablaba en un tono elevado, mientras que ella le rogaba que bajara la voz. No pudo escuchar bien la conversación, pero le pareció oír algo sobre unos acueductos, desconocía el motivo de la disputa y trataba de averiguar más cuando Mario le dio un golpecito con el pie para llamar su atención.

—Atontado, vamos a la cola —le dijo mientras señalaba al resto del grupo que ya caminaba hacía la entrada.

—Perdona, quería desconectar. Estoy un poco cansado de Erin y Ruth, llevan todo el viaje dando el coñazo con el circo de los cojones. Se me están hasta quitando las ganas de entrar. Te lo juro —contestó asqueado.

Mikel volvió a apretar con fuerza tras recordar aquello pero lo único que consiguió fue ponerse rojo y sofocarse. Decidió dejarlo correr y volver al comedor. Se limpió, se subió los calzoncillos y salió del lavabo con una grotesca mueca. Se sacudió la imagen de la cabeza y se sentó en el sofá.

En la televisión daban un programa de avances tecnológicos aplicados en medicina. Donde el trabajo de los cirujanos cada vez era más seguro y rápido gracias a ellos. Durante un rato observó la pantalla a desgana con la mirada perdida, en ella se veía la sencillez con la que se insertaba un marcapasos y el paciente se marchaba a casa el mismo día de la operación.

Cambió de canal buscando algo que le entretuviera y alejara sus pensamientos de aquel maldito malestar. Tras pasar varios canales se decidió por un documental de animales. Desde pequeño le había gustado mirarlos. Los paisajes y los animales que había en lugares lejanos siempre le habían apasionado. Observó como una de las leonas de la manada comenzaba a dar a luz. Mikel no había visto nunca el nacimiento de un animal y le atrapó al momento. La leona gruñía y gemía a partes iguales, las cámaras se habían acercado mucho y habían conseguido grabado todo el parto. «¿Cómo se acercan tanto?», se preguntó ante aquellas imágenes.

La sangre que emanaba de allí no le pareció normal, incluso le mareó, tras un par más de gruñidos apareció una pequeña cabeza de entre las patas de la leona, los machos como esperando a que todo esto terminara rondaban a cierta distancia de las hembras. Los tímidos gruñidos del recién nacido comenzaban a escucharse, la misma hembra lo agarró del cogote y lo extrajo por completo junto con más sangre, colocándolo a su lado. Una de las leonas se acercó olfateándolo pero un rápido rugido de la madre la hizo apartarse.

Otro cachorro comenzó a aparecer, estaba vez salía de culo. Tras forcejear y apretar otra vez el pequeño cachorro consiguió salir tras un largo rato, pero por desgracia para él, nació muerto. La madre lo cogió y al darse cuenta de que no respiraba en vez de dejarlo junto al primer cachorro lo lanzo al otro lado. Una de las hembras se acercó al pequeño y lo olisqueó, las otras al ver que la madre no les prestaba atención se lanzaron sobre él y lo comenzaron a devorar. Una sensación de asco y repulsión invadieron a Mikel.

Sin previo aviso se levantó y corrió hasta el lavabo con las manos en la boca. Una vez allí levantó la taza del váter y se arrodilló. Con una gran contracción estomacal vomitó en su interior. Sus ojos llorosos se cerraban con cada contracción y el amargo sabor lleno su boca, el movimiento en su interior le hizo sentir otra vez nauseas lo que originó más vómitos. Tras unos segundos con la cabeza en el váter Mikel cogió papel y se limpió. Una vez hubo terminado, lo lanzo en el interior y se levantó. Estiró de la cadena y se acercó al lavamanos. Allí se observó, estaba rojo como un tomate, con lágrimas en los ojos y pálido. «Cagar no, pero el dolor de barriga ya es historia», pensó mientras se sonreía a sí mismo en el espejo.

(Debía aparecer la escena de un parto y las palabras: marcapasos, acueducto y circo)

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