27# Hombre muerto

Escuchaba el bullicio de la muchedumbre y supo que tenía que prepararse. El emperador había apostado por él, y por primera vez en muchos años, notó un hormigueo en el estómago. Respiró hondo y trató de calmarse, los caballos estaban inquietos; eso no presagiaba nada bueno, se acercó a ellos y trató de tranquilizarlos.

En el exterior sonó una trompeta, e inmediatamente se dirigió al altar. Se arrodilló, extrajo un puñal de la pechera y tras musitar algo en voz baja, se hizo un corte en la mano, dejando caer la sangre sobre su cabeza. Cerró los ojos e inspiró con intensidad mientras las gotas caían lentamente. Abriendo los ojos, cogió la figura de barro que había en el altar y la besó.

Sumido en sus plegarias como estaba, le costó escuchar la trompeta sonando otra vez. Tenía que ir a los carceres y prepararse. De camino allí se cruzó con Barbatus y Rufus, sus compañeros de equipo, quienes le saludaron.

—Ave, Scorpus. No te preocupes esta carrera la ganarás —le habló Rufus—. Intentaremos estar en tus flancos para evitar contratiempos.

—Ave, hermanos. Estoy tranquilo —mintió—, no es mi primera carrera con alguien poderoso apostando por mí —concluyó con tono desafiante.

—Lo sabemos, pero… —intervino Barbatus frenándole en seco—. Quintus nos ha dicho que el senador Terencio ha apostado mucho dinero por los Blancos.

—¿Los Blancos?

—Sí. Por lo visto los aurigas son helenos. Uno de ellos, Eryx, ha ganado varias carreras en Olimpia —explicó Barbatus—, y no de formas muy limpias…

—Para eso os tengo a vosotros, ¿verdad? —intervino Scorpus sonriendo—. ¡Vamos, tenemos una carrera que disputar!

Cuando salieron a la arena observaron con asombro el lleno absoluto que había en el Circo Máximo. Subió a su carro y acarició a los caballos, quienes respondieron con relinchos. «Aún siguen nerviosos», pensó mientras se ataba las riendas al pecho. Dirigió la mirada hacia la tribuna, esperando la llegada del emperador. El graderío estalló en una mezcla de silbidos y aplausos cuando este apareció. Sosteniendo la mappa en la mano se acercó al borde y la dejó caer, los carceres se abrieron y los caballos rompieron en estampida.

Scorpus nada más salir tuvo seis carros por delante, Rufus iba en cabeza, seguido por Eryx. Miró atrás buscando a su compañero Barbatus y le pareció ver la pechera verde en última posición, siguiendo muy de cerca a dos carros del equipo Rojo.

Cuando volvió la vista al frente, observó sorprendido como uno de los carros del equipo Azul volaba por los aires a poca distancia suya. Se vio obligado a maniobrar, esquivándolo en el último suspiro. Cuando pudo controlar de nuevo a las bestias se percató de que el público estaba pendiente únicamente de la tribuna.

Dirigió su mirada hasta allí y observó con horror como el emperador era asesinado por un grupo de senadores, entre ellos pudo distinguir a Terencio, quien arrojó el cuerpo sin vida a la arena del circo. Scorpus observó como la carrera se había detenido, por lo que cortó la rienda que lo unían a sus caballos y corrió hasta una de las salidas. Era el momento perfecto para huir, y no tendría otra oportunidad como aquella. Subió por las escaleras que daban acceso a las graderías, allí trató de buscar la salida al exterior del recinto.

—¡Alto! —escuchó una voz detrás de él.

Se giró para ver quién era y recibió un golpe en la cabeza que le hizo caer al suelo. Entreabrió los ojos y observó como Eryx se le acercaba con un puñal en la mano. —Tú no vas a ningún sitio, escoria —gruñó cogiéndole de pelo—. El senador Terencio quería que murieras en el circo y así será.

—Suéltame —gimió Scorpus. Sin mediar palabra el puño de Eryx impacto directo en la sien haciéndole tambalear.

—Voy a disfrutar matándote —dijo levantándole del suelo.

—¿Crees que Terencio no se deshará de ti cuando no te necesite?

El rostro de Eryx cambió de semblante, observó como la duda recorría sus pensamientos, y Scorpus aprovechó para golpearle y escapar. Dobló una esquina y allí encontró la salida. Una vez en el exterior, se encontró con un muro de soldados cerrándole el paso. Tuvo que detenerse y retroceder, pero Eryx espada en mano salía del circo caminando hacia él.

—Te lo dije. Voy a disfrutar matándote —dijo mientras le clavaba la espada en el estómago sonriendo de oreja a oreja.

(Debían aparecer las palabras: beso y circo)

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