28# Ninguna posibilidad

El concierto había acabado, y pese a que mucho público ya se había marchado el local continuaba lleno. Tom iba hablando con todo aquel que se cruzaba con él, era como una especie de eminencia en el lugar. Todo el mundo le conocía y mantener ese estatus le obligaba a pasarse las noches conversando con ellos. Nate por el contrario, se quedó con los demás, el botellón se había acabado pero seguían charlando en la terraza. De vez en cuando entraba para pedir alguna canción al pinchadiscos o alguna birra, pero pasó la mayor parte del tiempo en el exterior.

Dúnia y él llevaban un buen rato jugando a los dardos cuando se le acercó para susurrarle algo al oído.

—¿No estás con nadie verdad?

—No —contestó Jack.

—Guay. Entonces, ¿puedo pedirte un favor? —preguntó ella tímidamente.

—Sí, claro.

—Te lo pido como amiga. ¿Eh? —Hizo una pausa mientras se colocaba el pelo detrás de la oreja y se armó de valor—. Hace mucho tiempo que no me acuesto con nadie y me preguntaba si te importaría hacerlo conmigo.

—¿Cómo? —dijo sorprendido. «¿Qué me la folle?»—. Espera, espera. ¿Me estás pidiendo como favor que me acueste contigo? —dijo casi sin creerse lo que estaba diciendo.

—Sí. ¿Te parece raro? —dijo un poco avergonzada.

—Hombre… Es la primera vez que me piden este tipo de favores, un poco raro sí que es —comenzó diciendo cada vez más nervioso—. Pero la idea no me desagrada, para que engañarnos —concluyo dedicándole una sonrisa.

—¿Tienes condones? —preguntó ella.

«¿Ahora? ¡Mierda!» No tenía condones en la cartera. Pero había una máquina en los lavabos.

—No, pero ahora mismo los compro, no te preocupes. Dame un minuto —dijo saliendo disparado dirección a los servicios.

Al entrar, para alegría suya, se encontró con el lavabo vació, sacó un par de monedas de la cartera y las introdujo en la máquina. «Tengo que hablar con Paul». Su amigo había expresado varias veces que le gustaba Dúnia, pero no sabía realmente hasta que punto. Y ante aquella situación tenía que salir de dudas. Si Paul no ponía pegas, era una oportunidad única e irrepetible.

Salió del lavabo y fue en busca de Dúnia, la encontró donde la había dejado, en la barra bebiéndose una cerveza. Era una chica de un atractivo peculiar. La observó mientras se acercaba con una sonrisa de oreja a oreja. «No entraba en mis planes pero…»

—Ya los tengo —le dijo dándose una palmadas en el bolsillo—. Espera un segundo. Ahora vuelvo, voy avisar de que no me esperen.

Salió al exterior y una vez en la terraza, buscó a su amigo. Lo encontró charlando con un par de chicas. Se aproximó a ellos y le hizo señas para que se acercara a él.

—Oye tío. ¿Tú y Dúnia?

—¿Yo y Dúnia qué?

—¿No te gustaba? —preguntó ante la atenta mirada de Paul.

—Sí. Bueno, me gustaba —contestó arqueando las cejas—. Pero no tengo ninguna posibilidad con ella.

—¿Entonces no te importaría que tuviera algo con ella? —dijo al fin quitándose el nudo que tenía en el estómago.

—Supongo que no. Haced lo que querías, a mí qué me dices —contestó extrañado.

—¿Seguro? —quiso saber.

—Seguro tío. ¿Qué pasa? —preguntó intrigado Paul.

—Nada, nada. Ya te contaré —concluyó y entro corriendo a toda prisa en el local.

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