31# Scorpus (2ªparte)

Scorpus tardó más de lo habitual en reaccionar y nada más salir tuvo a seis carros por delante. Consiguió ver cómo Rufus iba en cabeza, seguido muy de cerca por Eryx, quien fustigaba a sus caballos para que aumentaran su velocidad.  Miró atrás buscando a su compañero Barbatus y le pareció ver la pechera verde en última posición, siguiendo muy de cerca a dos carros del equipo Rojo. Corría muy pegado a la espina cuando volvió la vista al frente, una nube de polvo se levantaba delante de él. Observó con sorpresa uno de los carros del equipo Azul volando por los aires a poca distancia suya. Se vio obligado a maniobrar de forma arriesgada, desviándose hacia el exterior de la misma curva, esquivándolo en el último suspiro.

El grito de los espectadores le avisó de un nuevo naufragio, el compañero de Eryx había hecho colisionar con la espina al carro que había ido hasta aquel entonces en tercera posición. El líder de la carrera no estaba muy lejos de él pero era incapaz de localizar a su víctima entre la nube polvo. Continuó corriendo con un ojo en la arena y otro en los aurigas. «Lo tengo delante», se digo cuando sobrepasaba el carro destruido en medio de la arena.

El primer huevo ya estaba abajo cuando Scorpus pasó por su lado. Al llegar de nuevo a la curva observó como Rufus quien había perdido el liderato en favor de Eryx, luchaba por mantener la tercera posición. Éste al salir en paralelo con uno de los carros del equipo Rojo no pudo evitar colisionar.

Rufus voló por los aires golpeándose violentamente contra el suelo. Scorpus que corría directo hacía él, no pudo evitar arrollarlo, desestabilizándose. Cuando pudo controlar de nuevo a las bestias se percató de que el público no estaba mirando la carrera sino que estaba pendiente de la tribuna.

Dirigió su mirada hasta allí y observó con horror como el emperador rodeado por completo, era asesinado por un grupo de senadores. Surgiendo entre todos ellos pudo distinguir a Terencio, quien subió hasta la tribuna presidencial y tras asestarle dos puñaladas en el pecho, arrojó el cuerpo sin vida a la arena del circo. El cuerpo golpeó con dureza en el suelo. La toga otrora blanca comenzaba a teñirse de rojo. El púbico ante aquella situación comenzó a correr para poder escapar de allí, el caos se apoderó del lugar tan rápido como habían matado el emperador.

Scorpus observó como la carrera se había detenido, parecía que todos los aurigas se habían percatado de lo ocurrido y el pánico les invadía a ellos también. Miró a su alrededor y trató de escapar por la entrada que utilizaban los esclavos para recoger los destrozos de la arena situada no muy lejos de él. Por lo que cortó la rienda que lo unía a sus caballos y corrió hasta una de las salidas.

La puerta estaba cerrada por el otro lado. Era el momento perfecto para huir, y no tendría otra oportunidad como aquella. El emperador había muerto, y no era necesario acabar con Eryx. Lo importante era salir de allí con vida. Estaba en el final de la recta, lejos de la única salida de la arena, los carceres, por lo que corrió hasta allí. Cruzó el pasillo y subió por las escaleras que daban acceso a las graderías, estas estaban ahora casi vacías, volvió la vista hacia la tribuna y observó cómo Terencio era vitoreado por sus iguales. Desde allí trató de buscar la salida al exterior del recinto.

Entró en el vomitorio y se cruzó con su compañero Barbatus. Estaba herido, sangraba por un profundo corte en el abdomen.

—Scorpus —gimió nada más verlo.

—¿Qué te ha pasado? —quiso saber mientras se acercaba a él y lo cogía por debajo del brazo.

—Han asesinado al emperador —consiguió decir mientras se dejaba caer al suelo—, traté de huir y uno de los soldados al verme me atacó…

—Saldrás de esta. Solo es un corte —mintió intentando levantar a su compañero del suelo.

—¡No! —Le paró Barbatus—. Soy un lastre para ti. Yo ya estoy muerto…. Sálvate tú.

—No digas estupideces.

—Eres el único que puede salvarse. Rufus ha muerto durante la carrera… Vi su cuerpo aplastado en la arena.

Scorpus recordó el momento en que sus caballos y él no pudieron esquivarlo. Sin darse cuenta Barbatus le había arrebatado el puñal y se lo llevó al cuello sonriendo.

—El Hades me aguarda hermano —Fueron sus últimas palabras antes de deslizar el filo del arma por su garganta.

«¿Por qué has hecho eso? Necio.» Escuchó unos pasos acercándose. Se arrodilló ante Barbatus y le besó en la frente al mismo tiempo que le cerraba los ojos. Los pasos estaban más cerca cuando se levantó y corrió dejando atrás el cuerpo sin vida de su amigo allí. Pero al doblar la esquina un soldado le frenaba el paso, éste le lanzó el pilum nada más verlo. Scorpus consiguió esquivarlo tras dar una voltereta en el suelo, y con la agilidad de un gato y la fuerza de un toro, se abalanzó sobre su agresor golpeándole en la cabeza y dejándolo inconsciente.

—¡Alto! —escuchó una voz detrás de él—. No irás muy lejos.

Se giró para ver quién era y recibió un golpe en la cabeza que le hizo caer al suelo. Un hilo de sangre le caía por la cara cuando entreabrió los ojos y observó como Eryx se le acercaba con un puñal en la mano. Sin poder hacer nada para evitarlo volvió a recibir otro golpe, esta vez con la empuñadura.

—Tú no vas a ningún sitio, escoria —gruñó cogiéndole de pelo—. El senador Terencio quería que murieras en el circo y así será.

—¿Acaso no has visto que han matado al emperador? —dijo Scorpus—. No tenemos porqué matarnos…

—Claro que lo sé. Nuestro pequeño juego era tan solo una estrategia para distraerlo.

—Suéltame —gimió Scorpus—. Déjame… —Sin mediar palabra el puño de Eryx impacto directo en la sien haciéndole tambalear.

—Voy a disfrutar matándote —dijo levantándole del suelo y arrastrándolo de vuelta a la arena.

—¿Crees que Terencio no se deshará de ti cuando no te necesite? —consiguió decir mientras forcejeaba por liberarse—. Eres otro esclavo más, no lo olvides…

El rostro de Eryx cambió de semblante, Scorpus observó como la duda recorría sus pensamientos y aprovechó para golpearle y escapar. Corrió y dobló una esquina, pasó bajo una gran arcada y allí encontró la salida. La luz le cegó por completo por lo que se llevó las manos a la cara y una vez en el exterior, saboreó la brisa de la libertad.

«Por fin, libre», se dijo con los ojos cerrados disfrutando de esa sensación. Pero un sonido metálico le hizo descubrir la dura realidad. Abrió los ojos y se encontró con un muro de soldados cerrándole el paso. No había forma de escapar de ellos por lo que tuvo que detenerse y retroceder, pero Eryx espada en mano salía del circo caminando hacia él.

Terencio, seguido por Quintus, se abrió paso entre los soldados. Colocándose a pocos pasos de Scorpus.

—Lo siento —se disculpó Quintus—. No tuve elección.

—¿Por qué? —exclamó sorprendido.

—Teníamos que acabar con el emperador —intervino Terencio—. Acaba con él —le ordenó a Eryx.

—Por favor Terencio —musitó Quintus mientras se interponía entre ambos—. Recapacita…

—¡Cállate! —gritó furioso Terencio—. Acaba con ambos. No quiero cabos sueltos…

Eryx con un movimiento rápido hirió de muerte a Quintus, quien cayó de rodillas al suelo. Cogió el arma con ambas manos y se acercó a Scorpus.

—Nos volveremos a encontrar en el Hades… —musitó cerrando los ojos y acercándose al cuerpo de Quintus.

—Te lo dije. Voy a disfrutar matándote —añadió Eryx mientras le clavaba la espada en el estómago sonriendo de oreja a oreja.

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