35# Forzada

—Hola, Claudia —dijo dándole dos besos.

—Y yo Selena.

—Hola —contestó él con desgana al tiempo que le daba un abrazo y dos besos.

—Raúl nos ha dicho que queríais conocernos. No sabes la ilusión que nos hace. Unas estrellas como vosotros… —concluyó emocionada.

—Roca —escuchó como le llamaban. Raúl se acercaba por detrás— ¿Qué te parece si Claudia, Selene, tú y yo nos vamos a un sitio más tranquilo? —dijo poniéndole las manos sobre los hombros—. El jefe dice que puede dejarnos el reservado para nosotros solos… —terminó mirando a las chicas. Estas comenzaron a dar saltitos de la emoción mientras cuchicheaban entre ellas. Al contrario que Roca que frunció el ceño y asistió con indiferencia—. Ahora vuelvo. Esperad aquí chicas.

Roca se llevó el vaso a los labios y escuchó, sin mirar, a Claudia y Selene.

—No me lo puedo creer Claudia. En el reservado con Roca y Raúl.

—¿Quién se queda con quién? —dijo en voz más baja—. ¿Cómo lo hacemos? —quiso saber al tiempo que ambas chicas comenzaban a mirarse con recelo.

Subieron al reservado, era muy lujoso, con grandes sofás de piel blanca repartidos por toda la sala. Roca se acercó a uno de ellos y se puso cómodo. Las chicas se sentaron una a cada lado de Roca dándole la espalda a Raúl.

—Chicas. Yo también estoy aquí —dijo molesto—. ¿Acaso no recordáis quien os ha ido a buscar? Claudia que estaba a su lado se volteó hacia él y forzó una sonrisa. Roca observó de reojo la cara de satisfacción de Selene en el momento en que les sirvieron el mejor cava que tenían y brindaron por ello.

—Has elegido el lado bueno. ¿Eh? —le dijo burlón a Selene.

—Te quiero conocer a ti, no a él —contestó alzado su copa.

Estuvieron largo rato bebiendo y hablando sin parar. La música estaba lo suficientemente baja como para poder hacerlo sin tener que gritar.

—Selene, ¿me acompañas al servicio? —dijo Claudia levantándose y ajustándose el vestido.

—Claro —contestó tras pensarlo. Ambas se marcharon y Raúl se acercó a su colega.

—Tío. ¿Qué te pasa? —preguntó— ¿Quieres cambiar?

—No es eso Raúl. Estoy cansado de hacer siempre lo mismo… —dijo decepcionado—. ¿Te crees que estaríamos aquí bebiendo gratis, con ellas si no fuera porque somos famosos?

—¿Sigues con eso? ¿Cuánto hace que no te metes? —dijo mientras sacaba una bolsita del interior de su chaqueta— Una raya te sentará de fábula ya verás…

Roca no contestó, observó cómo repartía el polvo en cuatro líneas sobre la mesa de cristal. Las chicas llegaron entre risas y tambaleándose cuándo Raúl, quien había enrolladlo un billete, esnifó una raya. Se llevó la mano a la nariz y movió la cabeza. Claudia aprovechando un despiste de Selene para sentarse en su sitio obligándola a sentarse junto a Raúl.

—¿Os apetece chicas? —dijo Raúl ofreciendo el rulo. Al ver que ambas dudaron miró a su amigo—. ¿Roca?

—Las damas primero. Si es que quieren… —sentenció. Selene que quería captar de nuevo la atención de Roca alargó el brazo y cogió el billete enrollado.

—Yo primera pues… —dijo mirando a Claudia antes de esnifar, no sin dificultades.

—¿Claudia? —preguntó Raúl.

Roca observó la duda en su mirada, miró a Selene y observó como esta se reía de manera descontrolada y movía el cuerpo violentamente al ritmo de la música. Claudia tras pensárselo alargó el brazo y se inclinó sobre la mesa. «Es su primera vez», descubrió Roca por sus dudas y mirada.

—¿Estás bien? —quiso saber Roca al verla temblar.

—Sí. Solo estoy un poco mareada, he bebido mucho esta noche… —dijo antes de inhalar el polvo blanco sobre la mesa—. Joder… —gimió llevándose la mano a la nariz. Roca observó cómo sus ojos comenzaban a ponerse rojos y llorosos.

—Bebe algo, te sentará mejor —intervino Roca acercándole la copa. Claudia bebió y se acomodó en el sofá. Cerró los ojos y tras unos segundos los volvió a abrir—. ¿Mejor?

—La verdad es que no. Me duele la cabeza… —dijo al tiempo que se levantaba—. Tengo que ir al servicio…

Roca observó cómo corrió hasta allí y luego miró a su amigo y Selene. Ambos se habían levantado y bailaban despreocupadamente ajenos a todo. Roca apuró su copa y volvió a llenársela.

Hacía rato que Claudia se había marchado y se extrañó de que aún no hubiera regresado, por lo que se levantó y caminó hacia allí. Entró y se acercó a la puerta con el símbolo femenino dibujado en ella, llamó.

—Claudia. ¿Estás bien? —preguntó antes de volver a llamar.

Al no obtener respuesta abrió la puerta y horrorizado descubrió el cuerpo de Claudia tirado en el suelo sufriendo convulsiones y echando espuma por la boca «¿¡Qué cojones!?», se dijo impotente mientras la volteaba para que no se ahogara percatándose entonces, de que sangraba por la nariz. Pensó en llamar a emergencias, pero no podía hacerlo con drogas de por medio, por lo que corrió hasta el reservado en busca de ayuda.

—¡Raúl! —gritó—. ¡Raúl! —Selene y él se voltearon alarmados—. ¡Se está muriendo! —Volvió a gritar desesperado señalando el servicio.

Raúl, seguido de Selene, entró y los tres observaron cómo Claudia permanecía inmóvil en el suelo, Selene se acercó y rompió a llorar arrodillándose ante el cuerpo sin vida de su amiga.

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