38# Escritura real

—Sales pata-pata. En la foto digo —añadió él al ver su cara de perplejidad.

—¿Pata-pata qué es?

—¿Tú qué crees?

—¿Cómo el jamón? —quiso saber ella.

—Bueno, depende —Rió—. ¿Versión larga o versión corta?

—Larga.

—No —Cogió aire y la miró—. Por la siguiente razón. A mí el jamón no me gusta, el jamón dulce tiene un pase, aunque no te creas, pero el jamón no me gusta… —Arrugó la nariz—. Es más de hecho, el jamón y yo no somos amigos… Cuando era pequeño, no recuerdo exactamente qué edad. Quizás unos siete u ocho años. Estaba con mis padres y mis tíos, cenado —Indicó con un gesto de la mano la altura aproximada que tenía—. Eso que antiguamente se hacía de ir a casa de los familiares o amigos y ver videos caseros grabados con aquellos armatostes de la era prehistórica. Donde salías tú de pequeño, en bodas, comuniones y alguna que otra fiesta de cumple o de barrio, en la que todo el mundo te recordaba lo pequeño que eras. Pues bien… —Hizo una pausa y volvió a coger aire—. En una de esas sesiones cenamos jamón, y casi me muero. En el mundo de Harry Potter yo vería esos caballos que solo pueden ver las personas que han vivido una experiencia cercana a la muerte. Si, no morí como puedes comprobar. Total… —dijo retomando el hilo de la conversación—. Que comiendo, la parte blanca del jamón, esa parte que todo el mundo tira, y donde siempre algún conocido te dice que eso es lo mejor del jamón. Y te da asco ver como se lo come… Pues yo por aquel entonces no lo quitaba, todo pa’ dentro pensaba. Más chicha… Pues un día esa mierda de tira blanca se me quedó en la garganta, no sé si en forma de bola o qué, pero yo me ahogaba y todo el mundo se pensaba que estaba haciendo el tonto. Cabe decir que yo por aquel entonces era el padre del diablo… Así que se reían de la situación, pero cuando comenzaron a notar un color demasiado rojo en mi cara se preocuparon. Mi tío cogió el trozo de jamón que tenía colgando de la boca —expresó con el movimiento de sus brazos—, y comenzó a tirar de él. Eso me provocó más asfixia y arcadas… —Haciendo ruidos guturales—. Pero tampoco podía decir nada con aquello en la boca y por alguna extraña razón, supongo que para que hoy yo pueda contar esta maravillosa experiencia cercana a la muerte, no utilice mis manos nada más que para hacer gestos absurdos con ellas… —Rió mientras las agitaba—. Fueron unos segundos largos, que me recuerdan lo bonito de mi infancia —añadió—. Por si quieres saber el final, si no es el caso omite lo que viene ahora. Mi tío consiguió estirar todo el trozo de jamón que estaba casi sin masticar y que había provocado que se me quedará mitad pasada la garganta, mitad en mi boca… Sobreviví y mi vida continuó igual que hasta antes de aquello. Seguramente tenía que haberla utilizado como momento místico para hacer cambios en mi vida, pero su pongo que el pequeño yo no estaba para esas cosas modernas de hoy en día… Así que no. No me gusta el jamón —concluyó con semblante serio.

Ella le miró perplejo y frunció el ceño.

—Y si. Siempre y cuando para ti el jamón esté bueno, no hayas sufrido ningún incidente raro con él y te pondrías hasta el culo y después repetirías otra vez —sonrió amistosamente—. Espero que sea lo suficientemente largo para tu gusto, no recuerdo que nivel de exigencia en versiones largas tienes…

—Me has hecho reír —dijo ella entre carcajadas—. ¡Qué putadón! No sé qué decir… —dijo poniendo cara de niña buena—. Yo una vez saqué un espagueti por la nariz.

—Mmmhh rico… —saboreó él.

—Me ha gustado como lo has descrito —elogió.

—Es un nuevo estilo, la escritura real —sentenció.

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