40# Recodo oculto

Cuando Jack salió de la discoteca avisó a Tom y Nate de qué no volvería con ellos a casa. Tras despedirse de ellos, Dúnia y él caminaron dirección a la playa. Ella vivía cerca del local pero optaron por no ir a su casa, ya que su padre y su hermana estarían allí.

—¿Dónde quieres ir? —preguntó él.

—Conozco un sitio cerca de la playa. Esta bastante escondido, allí nadie nos molestará —le contestó mientras le agarraba del brazo y apoyaba su cabeza sobre él.

—Bueno, y… ¿Cuánto tiempo llevas sin hacerlo? —preguntó finalmente Jack.

—Pues casi un año. Ya sabes que soy bastante reservada —contestó—. ¿Y tú?

—¿Eh? No sé…—dijo llevándose una mano a la nuca. «La verdad, no me acuerdo… ¿Fue con Belen?» pensó mientras llegaban a la entrada de una pequeña cala—. Hace mucho —mintió.

Dúnia al escuchar esto se aferró más a su brazo. Caminaron un rato en silencio y cuándo Jack creyó que irían directamente a la playa le hizo desviarse y entrar por un recodo oculto. Comenzaron a bajar por el lateral de las rocas, rodeando el pequeño acantilado. «¿Dónde cojones me lleva esta tía?», pensó mientras temía por su integridad física mientras la seguía. La oscuridad no ayudaba a la hora de saber dónde pisar, y un paso en falso podría precipitarles al vacio. Eran un par de metros hasta llegar al agua, pero el alcohol le hizo pensar que eran muchos más y por un momento dudo en sí conseguiría llegar al otro lado.

—Por aquí —le guió ella cogiéndole de la mano. Entraron en una especie de cueva—. Aquí es —sonrió.

—Bueno… Pues ya hemos llegado —dijo Jack nervioso. Ella asintió con la cabeza mientras se quitaba la chaqueta.

—Podemos ponerlas aquí, así estaremos un poco más cómodos —dijo mientras la dejaba en el suelo—. Ven —añadió mientras le ayudaba a quitarse la suya dejándola al lado de la otra.

Casi sin darse cuenta estaban besándose. «Sabe a tabaco», pensó Jack mientras la cogía en brazos y la alzaba. Notó sus manos rodeándole el cuello, estaban frías pero no dijo nada. Pegó su cuerpo al de ella cuando le rodeó con sus piernas y sus manos comenzaron a bajar hacia la cintura, Jack se apartó lentamente y la tumbó sobre las chaquetas. Acercándose a ella comenzó a besarla en el cuello, continuando por encima de la ropa hasta llegar al ombligo. Jack miró hacia arriba y la observó, le subió un poco la camiseta y comenzó a desabrocharle el pantalón. Sus manos ascendieron por la cintura llegando a sus pechos. Dúnia no pudo evitar morderse el labio y le dedicó una cálida sonrisa mientras cerraba los ojos.

—¿Estas cómoda? —quiso saber.

—Sí, sí. No te preocupes —dijo mientras alzaba los brazos—. Desnúdame.

«Joder esta cachondísima», pensó mientras la obedecía quitándole primero la camiseta y luego los pantalones. Se sorprendió gratamente al verla en ropa interior «¡Vaya cuerpazo!» pensó mientras observaba sus largas y esbeltas piernas sumido en un profundo placer. Acercó sus labios a su ombligo y comenzó a besarla hasta llegar a sus pechos otra vez. Mientras introducía la mano entre sus bragas, comenzó a excitarse cada vez más. El tejano comenzaba a apretarle la entrepierna por lo que decidió desabrocharse los botones.

—Métemela —le pidió ella con voz entrecortada al verlo llevarse las manos a la bragueta.

Eso le excitó más todavía, y se bajó los pantalones. Dúnia se acercó y le ayudó a bajarse los bóxers al tiempo que se la agarraba y comenzaba a masturbarlo. Notó sus aún frías manos y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Disfrutando del regalo que le brindaba dudó entre dejarse hacer o abrirla de piernas y penetrarla. Como si le hubiera leído el pensamiento Dúnia se volvió a tumbar y se quitó las bragas. «Ahí está», se dijo a sí mismo cuando se abrió de piernas delante de él y comenzaba a tocarse. Se acercó lentamente a ella y la beso en los labios, volvió a sentir el sabor a tabaco pero esta vez pareció no importarle.

—Ponte el condón y métemela. —le susurró al oído.

«¡El condón! Se me había olvidado…» Buscó en su bolsillo y sacó el paquete. Lo abrió ansiosamente y sacó uno. Mientras se lo colocaba observaba como Dúnia se daba placer a ella misma. Ahora la veía mucho más guapa que en la discoteca, desprendía una sensualidad que le embriagaba y hacía desearla cada vez más, sus labios humedecidos le pedían a gritos que los besara. Con sus finos dedos se acariciaba el clítoris, lo que despistó a Jack haciéndole tardar más de lo deseado en colocarse el preservativo. Cuando se colocó encima de ella listo para penetrarla, Dúnia le detuvo.

—Ves con cuidado, tengo la vagina estrecha —le dijo dirigiéndole una mirada de súplica. «¿Vagina estrecha? ¿Qué coño es eso?», pensó Jack intentando no poner cara de póker.

—No te preocupes —contestó él—. Iré con cuidado.

Cuando la penetró ella soltó un gemido a medio camino entre el dolor y el placer, pero Jack dedujo que estaba disfrutando al verle el rostro a rebosar de satisfacción. Tímidamente intentó saber en todo momento si le molestaba o estaba incómoda, a lo que ella le contestó que no hablara, que simplemente le follara.

Estuvieron un rato en aquella posición hasta que Dúnia se levantó cogiéndole de la mano. Se acercó a la pared y se apoyó en ella. Cogió el miembro duro de Jack y se lo introdujo de nuevo. La penetró con más fuerza mientras ella se abría de piernas y colocaba las manos en la pared.

—Me molesta mucho —se quejó ella al poco rato.

—Vamos al suelo —sugirió él tras recorrer con las manos su cuerpo y separarla de la pared. Una vez tumbados, la volvió a penetrar mientras le besaba en el cuello. Los gemidos de ella retumbaban en todo la minúscula cueva provocando que Jack estuviera cada vez más excitado.

—¡Me corro!

—¡Córrete! Yo ya me he corrido dos veces —le soltó mientras le volteaba y se colocaba sobre él.

«¿Cómo qué dos veces? No me he enterado…» Observó el torso desnudo de Dúnia y se incorporó para poder morder los perfectos pechos de ella.

—No pares —le ordenó agarrándolo del culo.

Ella sumida en su propio placer comenzó otra vez a gemir fuertemente provocando que él casi sin darse cuenta se corriera lanzando un gemido de satisfacción.

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