54# Príncipes y princesas

Abrí los ojos. Me habían encerrado en lo alto de la torre por lo que corrí hasta la puerta. Traté de abrirla inútilmente, gritando con la esperanza de que alguien se acercara y pudiera ayudarme a escapar. Golpeé la puerta con todas mis fuerzas durante un rato pero nadie apareció.

Miré por la minúscula ventana, la distancia hasta el foso era demasiado alta, caminé de una lado a otro pensando otras formas de escapar hasta que me dejé caer víctima del agotamiento.

El sol estaba en lo más alto cuándo un grito procedente de la base de la torre me despertó. Alguien gritaba mi nombre. Corrí hasta la ventana y miré hacia abajo. Una figura vestida con una armadura me observaba con atención montada en un gran caballo negro. Al ver que no reaccionaba, volvió a gritar mi nombre y alzó el brazo.

—¡Aquí! ¡Estoy aquí! —grité con ánimos renovados para que me escuchara.

Fue entonces cuando descabalgó, se acercó a uno de los sacos que colgaban de la silla y sacó una cuerda del interior. La desenrolló y enganchó en una de los extremos una especie de garfio. Cómo si de un lazo se tratara lo hizo girar sobre su cabeza, miró la ventana y lo arrojó con fuerza. El garfio ascendió a gran velocidad e impactó contra la parte superior de la ventana haciendo saltar pequeños trozos de piedra. En el mismo momento en que el garfio se enganchaba escuché una voces al otro lado de la puerta gritando mi nombre.

Me apresuré a salir mientras oía el sonido de las llaves abriendo la puerta. Una vez en el exterior miré hacia abajo, cerré los ojos presa del pánico y descendí con lentitud. La puerta se abrió y dos soldados entraron rápidamente. El más pequeño de ellos se asomó por la ventana y al descubrirme allí, trató de cortar la cuerda para hacerme caer, por lo que intenté ir más deprisa.

—¡Vamos! ¡Te falta muy poco!

Casi sin fuerzas miré el foso con temor, volví la mirada a la ventana y observé como el soldado conseguía cortar la cuerda haciéndome caer. Cogí aire y traté de no tragar agua intentando salir a la superficie a toda velocidad. Alguien tiró de mí y me sacó de allí, cuando abrí los ojos observé el rostro de una mujer bellísima con armadura que me sonreía.

—Querido mío —susurró antes de besarme.

(Extensión máxima de 400 palabras y temática de aventuras)

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