89# Un sueño muy raro

—El otro día tuve un sueño muy raro… —hablé al tiempo que me sentaba en la silla.

—¿Cómo de raro?

—Raro de cojones —exclamé frunciendo el ceño—. Soñé que podía ralentizar el tiempo y rebobinar un par de segundos. Así podía conseguir que todo me saliera bien, tuve un accidente de tráfico cuando iba en bus, pero salí ileso gracias a esos superpoderes…

—¿Eso es raro? —espetó alzando la mano—. Para raro el que tuve yo hace un par de días.

Le devolví una mirada cargada de reproche y arrugué el entrecejo.

—Íbamos a comer a un restaurante cerca de la playa, en primera línea de mar —comenzó relatando—. De camino allí, miraba distraído por la ventana del coche cuando me percaté, pese a parecer un perfecto domingo en familia, de que había algo que no cuadraba…

—¿Y eso qué tiene de raro?

—Espera —exclamó—, no seas impaciente. Te estoy poniendo en situación…

Me acomodé en la silla y crucé los brazos.

—Pues estaba ahí, mirando por la ventana del coche, cuando me fijé en el agua. A pocos metros de la orilla había un par de canguros repartidos por toda la costa.

—¿Canguros en el agua?

—Más tarde me di cuenta de que no eran canguros, sino robots. Pero tenían forma de canguros, vamos… Total, que lo siguiente de lo que me acuerdo fue ya estando en el restaurante tomándonos el postre.

—¿Qué pasó con los robots?

—Pues estábamos en una discusión bastante acalorada —continuó, ignorando mi pregunta.

—¿De qué discutíais? ¿Sobre los canguros? —insistí ante la falta de información.

—Ni idea, pero no creo, solo sé que se tiraban pullas unos a los otros. En fin… —suspiró negando con la cabeza—.  Cuando me quise dar cuenta teníamos a uno de esos canguros justo en la terraza del restaurante. Pegó un grito que nos pilló a todos desprevenidos. Cogió una papelera que había en la acera y la lanzó al interior de la terraza. Nos levantamos de la silla y nos apartamos para evitarla tan rápido como pudimos, pero por alguna extraña razón, yo me quedé quieto, desafiándolo con la mirada.

Hizo una pausa, bebió un sorbo de su café y me miró mientras yo permanecía expectante.

—Chulo de mí —reanudó la explicación—, abrió la boca y me lanzó una enorme llamarada. Traté de cubrirme —añadió al tiempo que movía los brazos—, pero las llamas me engulleron por completo.

Volvió a hacer una pausa. Se sentó más erguido en la silla y prosiguió.

—No sentí dolor alguno. Al parecer tenía algún superpoder que evitaba que el fuego me hiciera daño. Una especie de escudo alrededor mío repelió las llamas.

—¿Un escudo ignífugo? —exclamé sorprendido.

—Algo parecido, no sé… —contestó al tiempo que se ponía en pie de un salto—. Moví los brazos y lancé como una bola de energía contra el canguro destruyéndolo totalmente.

—¿Lo mataste?

—Si, al menos ese ya no dio más problemas…

—¿Ese?

—Sí, ese —confirmó volviéndose a sentar—. Porque justo cuando el primero de ellos cayó, se abalanzaron sobre mí una docena.

—¿Acabaste con ellos?

—Por supuesto, les lancé un par de bolas de esas, y a tomar por culo los canguros… —espetó con soberbia al tiempo que sacaba pecho—. Pero, lo más raro faltaba por llegar.

—¿Más raro que eso?

—Sí. Cuando los había destruido a todos, miré hacia la playa y el mar se había secado.

—¿Cómo que el mar se había secado?

—Ni idea, pero donde se suponía que debía de estar el agua, había otras criaturas. Una mezcla entre rinocerontes con cola de pez —añadió—, unos bichos muy raros…

—Deja las drogas tío… No es normal esa mierda que sueñas.

—Pero espera, espera —pidió moviendo los brazos—. Sin razón aparente, imité el grito que había hecho el canguro justo antes de atacarnos y las criaturas me respondieron con el mismo sonido.

—¿Y al final que pasó?

—Ni idea —exclamó encogiéndose de hombros—, me desperté…

—¿Tanto  cuento para esa mierda de final? Eres un inútil… Menuda pérdida de tiempo.

—Si quieres me lo invento… —contesté con desdén—. Con ese grito me convertí en su amo, y una vez tuve su control y fui consciente de mis poderes, me propuse conquistar el mundo —dijo mientras se levantaba y me enseñaba el bíceps—. ¡Y lo logré!

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