108# Tangata Manu

Hetereki se aproximó al acantilado. El cielo totalmente negro descargaba sobre el océano una intensa lluvia. El viento y el contacto de las gotas le erizaron el vello. Miró a su alrededor y observó a los otros Hopu manu saltando al vació sin dudar. La lluvia le impedía ver con claridad pero pudo ver como uno tras otro se zambullían entre el oleaje y aparecían un par de metros más adelante nadando entre las grandes olas.

Se giró a su izquierda, el Hopu manu del clan del norte permanecía en el borde, dubitativo. Este le miró, y tras coger aire saltó ahogando un grito. Hetereki lo siguió con la mirada y observó que le pasaría a él si no saltaba con la suficiente fuerza como para alejarse de las rocas.

El cuerpo fue escupido hacia las rocas tiñéndolas de rojo. Comenzó a notar como el estómago se le encogía, dejándolo petrificado. Se agarró con fuerza a su totora y saltó tan lejos como pudo. Mientras caía observó cómo los primeros Hopu manu que habían saltado ya estaban llegando a Moto Nui. Un instante antes de zambullirse en el agua cogió tanto aire como pudo y cerró los ojos. La corriente le arrastró contra las rocas, pero contra todo pronóstico consiguió salir a la superficie, y agarrado a su totora, comenzó a nadar para alejarse de ellas.

El firmamento se estremecía con los fuertes relámpagos y los truenos surcaban con violencia las nubes, iluminando la zona. Las olas le arrastraban hacia las rocas, por lo que cambió de estrategia tras luchar en vano contra el oleaje y decidió nadar hacia el lado para dejar de ir contracorriente. En el momento en que se alejó un poco de la orilla viró y volvió a nadar directo hacia la pequeña isla.

Cuando llevaba un largo rato nadando y se acercó al islote, escuchó unos gritos, al parecer alguien que estaba escalando se había desprendido a pocos metros de llegar a lo más alto. Hetereki continuo su avance y llegó a Moto Nui en el mismo instante en que otro Hopu manu caía contra las afiladas rocas que rodeaban la isla. El sonido del golpe le estremeció y a punto estuvo de vomitar cuando observó el estado en que había quedado el cuerpo. Desviando la mirada, se acercó a la orilla con precaución y comenzó a ascender.

Cuando llegó a lo más alto, observó cómo dos Hopu manu peleaban entre ellos. El más corpulento de ellos sostenía en sus manos un huevo, mientras que el otro, del clan de las orejas cortas, trataba de quitárselo aprovechando que era más rápido.

 Ambos se giraron al ver a Hetereki, pero el más pequeño aprovechó esa distracción para arrebatarle el huevo y huir dirección al acantilado. El Hopu manu gritó colérico y persiguió al ladrón. Justo antes de que consiguiera saltar al agua, consiguió golpearle en la pierna haciendo que se precipitara acantilado abajo, desapareciendo entre las rocas.

Hetereki observó como el Hopu manu se maldecía al ver el huevo destrozado en el suelo y corrió en busca de otro nido tras dedicarle una mirada de desprecio. El graznar de los Manu Tara era ensordecedor y el sonido prevalecía sobre los truenos y el oleaje. Hetereki corrió en busca de un nido al tiempo que los pájaros volaban desafiantes a ras del suelo ante aquellos ladrones e invasores.

Hetereki consiguió encontrar un nido con un huevo. Por lo que se agachó y cogió uno antes de volver a toda velocidad hacia el acantilado y nadar de regreso a Rapa Nui.

Mientras bajaba con precaución hasta su totora escuchó un grito procedente del agua, al parecer la sangre había atraído a un par de tiburones que estaban merodeando muy cerca del Hopu manu corpulento con el que se había encontrado en la cima.

Hetereki saltó con decisión al agua y nadó tan rápido como las fuerzas le permitieron. Miraba con nerviosismo a ambos lados, temeroso de encontrarse con una aleta dorsal tras una ola. Había pasado la diminuta Motu Kao Kao cuando notó un ligero golpe en uno de sus pies. Se volvió hacia atrás y se aterró al descubrir una gigantesca aleta nadando a su alrededor. Dirigió la mirada al frente, Rapa Nui no estaba muy lejos por lo que trató de hacer un último esfuerzo y llegar a los acantilados cuanto antes. A medida que se acercaba fue dejando atrás los restos de totoras ensangrentadas que flotaban a la deriva.

La lluvia había aflojado dándoles una tregua y Hetereki pudo divisar a dos Hopu manu por delante de él, el primero estaba llegando al acantilado y comenzaba a escalar mientras que el otro del clan de las orejas largas estaba a escasa distancia por delante de él. Al verse con posibilidades de llegar el primero a Orongo comenzó a ganarle terreno y llegaron los dos al mismo tiempo a las rocas. Comenzaban el ascenso cuando otro grito les llamó la atención, el Hopu Manu que iba en primera posición había perdido el equilibro y caía golpeándose contra las paredes del acantilado violentamente. Hetereki miro a su rival, su cara delataba que había hecho un sobreesfuerzo y no podía más, por lo que corrió y aprovechó para escalar el alto acantilado dejándolo atrás.

Cuando llegó arriba, observó con energías renovadas la planicie que se extendía ante él y comenzó a descender el valle del volcán corriendo hasta Orongo. Los diferentes clanes estaban congregados en aquella zona, ansiosos por ver quién sería el nuevo Tangata Manu. El barro comenzó a dificultarle la marcha pero no quiso aminorar con tal de proclamarse vencedor lo antes posible. El grito de los presentes le alertó de que el Hopu manu del clan de las orejas largas había llegado a lo alto del acantilado, y sin parar de correr, se volteó para verlo con sus propios ojos.

El pie le patinó y cayó de bruces contra el suelo, hundiéndose en el barro. Tan rápido como pudo se reincorporó, miró horrorizado al huevo y lo descubrió hecho añicos en su mano. El murmullo comenzó a crecer en el mismo instante en que los presentes se percataron de lo ocurrido.

El Hopu manu de las orejas largas se acercaba a su posición y miles de pensamientos le invadieron. Hetereki se levantó y corrió hacia él con la intención de robarle el preciado huevo. Saltó sobre él y le agarró del cuello, pero el orejas largas consiguió quitárselo de encima, golpeándole en el estómago y derribándolo en el suelo. Mientras Hetereki se revolvía en el barro, el Hopu manu se acercó a él y le asestó un golpe en la cabeza con el pie haciéndole caer de espaldas al suelo. Notó un ligero zumbido en la cabeza mientras el Hopu manu corría hacia Orongo alzándose con la victoria entre los vítores de los presentes.

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