131# Purgatorio

Un sonido extraño me despertó, abrí los ojos y me encontré tirado en medio de una sala cuadrada. Tanto las paredes como el suelo eran blancos y unos paneles que cubrían todo el techo iluminaban la habitación. Volví a escuchar el sonido que me había despertado y traté de localizar su origen. Me sorprendí al ver en una de las esquinas una cámara que me enfocaba. Me acerqué a ella y justo debajo apareció una enorme pantalla que mostraba a una mujer en un plató de televisión.

—Demos la bienvenida al participante número uno —habló la mujer dirigiéndose al público.

Atónito observé la pantalla mientras mis datos aparecían en ella.

—El delito que le ha condenado a participar en nuestro purgatorio fue acabar con su esposa y sus dos hijas —prosiguió la presentadora mostrando una serie de imágenes en las que aparecían los supuestos cadáveres de mi familia.

Al instante los aplausos del público se convirtieron en abucheos. «¡Mentira!» traté de gritar, pero me fue imposible. Me llevé la mano al cuello y noté una pieza metálica que se ajustaba a la perfección. Intenté volver a hablar pero no podía emitir ningún sonido.

—Uno —habló la mujer dirigiéndose a mí—, ese collar inhibe tu capacidad para hablar, no te molestes en intentarlo. Además, te recomiendo no quitártelo; cuando haya presentado a los demás concursantes os explicaré su otra función.

Una nueva pantalla apareció junto a la otra, era más pequeña y mostraba una sala idéntica a la mía donde una mujer obesa salía tirada en el suelo.

—Oh… Sigue durmiendo —exclamó la presentadora—. Tendremos que despertarla. ¡Que comience la cuenta atrás!

En ese momento las imágenes de la otra sala pasaron a la pantalla grande y en la pequeña apareció mi habitación. Alcé el brazo como acto reflejo y comprobé como la señal que mostraba era en directo.

—Tres —comenzó a contar el público provocando que apartara la vista y observara la otra pantalla—, dos. —La mujer llevaba un extraño collar blanco que supuse era igual al mío—. Uno —continuó contando el público mientras el collar comenzó a cambiar de color—. ¡Descarga! —gritaron los espectadores alzándose de sus asientos.

Una descarga hizo saltar a la mujer unos centímetros del suelo provocando el júbilo de los espectadores quienes aplaudieron lo ocurrido. «¿Qué cojones está pasando aquí?» pensé retrocediendo y temiéndome lo peor. Traté de hallar una salida mientras escuchaba como la presentadora despertaba a la mujer obesa e informaba al público de sus antecedentes.

Palpé las cuatro paredes buscando una puerta pero estas eran totalmente lisas. Me volví a la pantalla tratando de comprender algo y me fijé como la mujer obesa sollozaba de rodillas en el suelo.

Una nueva pantalla apareció junto a la que mostraba las imágenes de mi habitación. En ella aparecía un hombre de espaldas, observaba las pantallas y ni se inmutó cuando el público rompió en gritos de alabanza.

—¡Destructor! ¡Destructor!

La presentadora trató de calmar a los espectadores y con un gesto pidió silencio.

—Bienvenido número tres. —La imagen cambió a la pantalla principal—. Como ya sabéis, varios delitos se le imputan a este ser despreciable, los más destacables son: atraco a banco con rehenes y violación de varias mujeres, todos ellos sin dejar supervivientes.

Los espectadores gritaron e insultaron al hombre quien se limitó a estirar los brazos mostrando sus enormes músculos y haciendo crujir los huesos de la espalda.

—Número tres —dijo dirigiéndose a él—, bienvenido —añadió la mujer en el mismo instante en que aparecía otra nueva pantalla—. Y para terminar con las presentaciones del programa de hoy: una sorpresa.

La imagen mostraba a dos mujeres idénticas, unidas por unas esposas. Ambas intentaban hablar entre ellas ajenas a la imposibilidad de hacerlo.

—Bienvenidas número cuatro —anunció la presentadora y se volvió a los espectadores—. Como todos sabéis el número de participantes siempre ha sido cuatro.  Y en el programa de hoy estas dos mujeres cuentan como una única persona y tendrán que compartir el material que encontrarán en el armario.

«¿Armario? ¿Dónde?» Observé perplejo las diferentes imágenes. El llamado Destructor se había desplazado a uno de los laterales de su habitación y esperaba de brazos cruzados junto a la pared. Traté de imitar sus movimientos al tiempo que observaba los movimientos de las tres mujeres y escuchaba atento a lo que se decía en el plató.

—Quedan tres minutos para que dé comienzo la cacería —comenzó diciendo la presentadora—. Recordemos las reglas a los telespectadores que se hayan incorporado ahora: los participantes deberán acabar con los otros rivales si quieren salir con vida del purgatorio, donde solo hay una regla…

—¡Mata o muere! —gritó el público.

Una de las pantallas comenzó a mostrar un video tutorial en el que informaba de las características del collar que llevaba. «Constantes vitales, descargas eléctricas…»

—Si queréis participar desde casa podéis hacerlo enviando un mensaje al número que sale abajo —prosiguió hablando la presentadora—, y cada cinco minutos el participante que tenga más mensajes se llevará una pequeña descarga.

«¿Qué?» Comencé a notar el sudor en las manos y toqué el collar.

—¡Qué comience la cuenta atrás para el inicio de la cacería! —ordenó la presentadora señalando a los espectadores.

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