141# Lobos

(Continuación “Mujer lobo”)

Zuk dejó caer su jarra de cerveza y corrió a coger su escopeta. Al llegar a la puerta, se volvió, y con una mirada, le indicó a los presentes que le acompañaran antes de salir de la taberna.

John se encontraba en mitad de la calle y se acercó al cazador nada más verlo.

—El grito venía del interior de casa del alcalde —anunció señalando calle arriba.

Zuk al comprobar cómo se le unían unos pocos hombres comenzó a trotar en la dirección que el panadero les había indicado. Doblaron la esquina y escucharon otro grito, esta vez de un hombre.

—¡Es la voz de Arthur! —gritó uno de ellos bajo la intensa lluvia.

Zuk esprintó por el barro con gran habilidad dejando atrás al grupo, quienes se vieron obligados a aminorar la marcha. Cuando el cazador llegó a la casa derribó la puerta de una patada y se encontró con la criatura sobre el cuerpo de Arthur, quien forcejeaba para evitar ser devorado.

El lobo nada más verlo trató de abalanzarse sobre él, pero el cazador fue más rápido y con un culetazo evitó la acometida. La criatura tras recomponerse del golpe se alejó de la casa ocultándose entre las sombras. Zuk se acercó al alcalde cuando este trataba de levantarse.

—¡Ha matado a Judy! —anunció señalando el cuerpo sin vida en la habitación contigua—. Escuché un grito y me acerqué, pero al verse sorprendido me atacó…

—¿Estás herido? —intervino Zuk inspeccionando la habitación.

—No, solo un par de rasguños. Gracias a tu aparición no tuvo tiempo…

—Me alegra oír eso —le cortó poniéndose en pie—, pero tengo que seguir a esa bestia, habrá dejado un rastro en el barro.

Zuk se marchó de allí y salió al exterior de la casa. Guardó silencio y escuchó con atención, el sonido de las gotas cayendo sobre la tierra, mezclado con el rumor de los pocos hombres que le habían seguido hasta allí le impidieron percibir nada fuera de lo normal, por lo que trató de buscar algún tipo de huella con la que poder seguir un rastro.

El cazador rodeó la casa y buscó pisadas que le indicaran por donde proseguir con la cacería. El grupo de hombres lo seguía a una distancia prudencial cuando se giró.

—¿Qué hay en aquella dirección? —concluyó segundos después señalando calle arriba tocando con la yema de los dedos unas marchas en el barro.

—El cementerio —anunció el tabernero.

—Las huellas indican que ha huido hacia allí —explicó poniéndose en pie y acercándose a los hombres—. Necesito que alguien se quede y atienda al alcalde, el resto venid conmigo. Vamos a acabar con esa bestia esta misma noche.

Una vez organizados pusieron rumbo al cementerio. La lluvia había cesado cuando llegaron y observaron la caseta del enterrador en la distancia.

—¡Hay luz! —habló Jacob—. Puede que Luke necesite nuestra ayuda.

—¿Y quién no te dice que Luke sea la bestia que os está acosando por las noches? —Zuk cargó el arma y con un gesto pidió silencio.

Los hombres se miraron perplejos entre ellos y permanecieron inmóviles mientras el cazador avanzaba con sigilo hasta la casa. Le siguieron en la distancia tratando de no hacer ruido, pero el cazador se movía con gran rapidez.

El aullido de un lobo les sobresaltó a todos. El cazador hizo una mueca y se volvió, el sonido procedía del pueblo. Trató de buscar huellas en el barro pero fue inútil.

—He seguido un rastro equivocado… —se maldijo llevándose el arma al hombro—. Volvamos a casa del alcalde y veamos si encuentro algo…

El grupo de hombres volvió al pueblo con paso lento, el sol comenzaba a despuntar por el horizonte cuando llegaron. Delante de la casa del alcalde se había congregado la gran mayoría del pueblo, alertados por los gritos y el alboroto provocados por el ataque.

Pocos minutos después de su llegada apareció Luke con su carretilla. Se acercó a Arthur quien permanecía junto al cadáver de Judy y guardó silencio.

Finalmente, el enterrador cogió el cuerpo de la mujer y comenzó su recorrido hasta el cementerio. El alcalde seguido por el resto de habitantes le acompañó en una marcha fúnebre que ya se alargaba en su quinto día.

Las campanas tañeron de nuevo en señal de luto cuando el sol comenzaba a despuntar en el horizonte. La ceremonia fue breve y silenciosa y el único que dijo unas palabras fue Arthur.

—Hoy toca despedirnos de nuestra querida profesora, los niños ajenos al peligro que nos acecha a todos lloran su pérdida de igual forma que lo hacemos nosotros —comenzó, dirigiéndose a los presentes—. Zuk Folkor, te estaré eternamente agradecido, pese a que no pudiste hacer nada ante el fatídico ataque, conseguiste ahuyentarlo en el preciso instante en que se me abalanzó.

El cazador bajó la mirada como quitándole importancia a su gesto.

—Juro sobre la tumba de Judy que de hoy en adelante haré todo lo posible para vengar su muerte y aprovecharé esta oportunidad que tengo de seguir con vida para hacer de este pueblo el lugar que era antes de la llegada de estas criaturas inmundas …

Arthur dio un paso al frente y se acercó a Zuk.

—Este es el cazador al que hicimos venir para acabar con esta amenaza. Su currículo le abala, ha dado caza a todas las criaturas que se le han encargado. ¡Así que no temáis!

—La criatura es más inteligente de lo que creí en un momento, después de su último crimen, ha conseguido hacerme seguir un rastro falso para así poder huir y esconderse en su guarida. Pero como bien dice Arthur: no temáis, conmigo aquí estáis todos a salvo.

—Ahora volveremos todos a la plaza mayor, y allí realizaremos otra votación —anunció el alcalde.

Los presentes comenzaron a disgregarse dirección al pueblo.

—Esta mujer —habló Zuk mirando a la tumba—, ¿tenía problemas con alguien del poblado? ¿Alguna persona que tuviera motivos para acabar con su vida?

Arthur observó al cazador perplejo, miró a la muchedumbre y negó con la cabeza.

Media hora después la totalidad de habitantes estaban reunidos en la plaza dispuestos a encerrar a la bestia en su forma humana.

—¿Alguien sabe de alguna persona que pudiera querer acabar con Judy? —habló el alcalde.

—¿De verdad crees que esa criatura se mueve por otra cosa que no sea el instinto? —dijo el frutero—. Ninguna de las muertes está relacionada, matamos al primer lobo mientras atacaba a varios de nosotros… Y no olvidemos que era la vieja Cefe. ¿Por qué esta otra criatura iba a matar a su hija?

—Puede ser cualquiera —habló Lucy—, llevo días sin dormir. No me fio de nadie y tengo miedo de quedarme sola…

—¡Cierto! Sea quien sea de nosotros una vez se convierte en lobo, pierde toda consciencia de su antiguo ser. Solo quiere sangre, y le da lo mismo una persona que otra…

Los gritos comenzaron a elevarse por encima de las voces y Arthur trató de apaciguar el ambiente. Pero las fuertes disputas continuaron hasta que el cazador con un disparo al aire hizo que todos se callaran.

—¡Callaos! —ordenó—. Uno de vosotros es la bestia. Y estoy convencido de que está intentando sembrar el caos y las dudas entre todos. Os voy a explicar lo que vamos hacer.

Dio un paso al frente y ordenó a los presentes que se pusieran en fila delante de él. Poco a poco comenzó a formarse una hilera encabezada por el alcalde.

—Tú no hace falta —anunció el cazador apartándolo a un lado—, vi como esa criatura se abalanzaba sobre ti. Sé que no eres tú.

El alcalde se colocó a su lado y observó con atención. La primera de la fila era Miranda y su mirada revelaba miedo.

—¿Dónde estuviste ayer por la noche? —preguntó el cazador observándola de arriba abajo.

—Trabajando.

—¿Trabajando? —preguntó haciendo una mueca—. Eres la panadera, ¿verdad?

—Sí, trabajo con mi marido—contestó señalando a John.

Zuk miró al panadero y le pidió que se acercara.

—¿Es cierto lo que dice?

—Sí. Ella suele ir antes que yo a la panadería para encender el horno —explicó abrazándose a su mujer—. Cuando nos encontramos en la salida de la taberna iba a reunirme con ella.

—Pero no la viste hasta que regresamos del cementerio, ¿verdad?

John miró a su mujer y asintió con la cabeza.

—Es todo lo que necesitaba oír. ¿Podrías ponerte en aquel lateral de allí —le dijo a Miranda, señalando uno de los extremos de la plaza—. Tú, John, ponte junto al alcalde, por favor.

La siguiente en la cola era Stacy pero Zuk observó la fila e hizo acercarse a los hombres que le habían acompañado a casa del alcalde la noche anterior.

—Todos vosotros colocaos aquí también —anunció señalando al alcalde y a John—. Familia Murray, Lucy y doctor Nil, ¿podéis acercaros?

Los nombrados se acercaron al centro de la plaza con cara de no comprender nada.

—Con los inocentes.

—¿Inocentes? —intervino Miranda—. ¿Acaso yo no lo soy?

—Arthur… —musitó John ante aquella acusación exigiendo una explicación.

—Lo siento, John —se excusó el alcalde—. Es él quien está gestionándolo…

—Veamos… —intervino el cazador ante la protesta generalizada—. Sí, ellos son inocentes —comenzó diciendo. Miró a Miranda y señalando con la mano el lateral donde se encontraba el alcalde y los demás hombres—. De momento, eres la única que no tiene coartada. Así que sería una imprudencia descartar tu culpabilidad… Solo hago mi trabajo.

—¿Y qué harás cuando nos tengas a todos separados? —habló Carl—. No pretenderás que los encerremos a todos en la cárcel, ¿verdad?

Zuk se volvió y observó al policía.

—No lo he pensado todavía —aclaró encogiéndose de hombros.

—¿Estás improvisando sobre la marcha? —explotó John.

—¿Alguna sugerencia? Os recuerdo que vuestro anterior método no ha servido de nada…

Los aldeanos bajaron la mirada y comenzaron a murmurar.

—Por cierto, podéis acercar a la bruja y colocarla a la derecha. Porque todos estaréis de acuerdo que es inocente. Según me ha informado Arthur, durante su inconsciencia hubo varias muertes.

La bruja alzó la mirada y esperó al doctor Nil.

—He tenido otra visión… —anunció—. Esta noche todo acabará, pero habrá una muerte más.

—¿Quién? —quiso saber el doctor—. ¿Qué has visto?

—El lobo escapará de su confinamiento y acabará con su verdugo antes de morir…

Un murmullo recorrió la plaza, todos los presentes comenzaron a mirarse con recelo.

—¡Silencio! —pidió el cazador—. No tenéis por qué preocuparos. La bestia morirá esta noche. Pero la bruja se equivoca en una cosa. No habrá más muertes, sólo la suya.

Se volvió hacia la fila y observó a los que todavía permanecían en ella. Luke el enterrador se encontraba en ella, y nada más verlo le indicó que se colocara a su derecha.

—Vosotros dos también —añadió mirando a los policías. Carl y Kim se acercaron al centro de la plaza y se colocaron junto con los demás inocentes—. Los demás podéis colocaros a la izquierda.

—¿Cómo?

—¿¡Qué!? —exclamó indignado Jacob—. ¿Nos estás acusando a mi mujer y a mí de estas atrocidades…?

—No te estoy acusando, simplemente no tengo pruebas de que seas inocente. Ya os lo he dicho antes. Prefiero teneros vigilados…

El frutero cogió de la mano a su mujer y se dio media vuelta.

—Ya me he cansado de esta pantomima —exclamó alejándose de allí—. ¡Nos vamos!

El sonido de la escopeta cargándose les hizo detener.

—No me obliguéis a hacerlo si no es necesario…

Jacob y Mary se miraron y se volvieron hacia el alcalde.

—¿Vas a permitir que nos haga esto, Arthur?

—Acordamos contratar sus servicios, todo sea por librarnos de esa criatura.

—¿A qué precio?

—No pasará nada, Jacob —intervino Carl—. No estáis arrestados. Me niego, sigo siendo el comisario de este pueblo y la última palabra la tendré yo.

Se volvió hacia el cazador.

—¿Qué tenías pensado hacer con ellos?

—Bien… —habló bajando el arma—. Ahora, os encargaréis vosotros de elegir.

Los presentes se miraron intrigados.

—Son diez personas las que no considero inocentes. Tenéis que decidir cuál de ellas creéis que es la bestia.

—¿Y si creemos que el lobo es uno de los que están entre los inocentes? —intervino Gilbert.

—Podéis votarle, pero no irá a prisión. Sé que alguno de vosotros es la bestia que mata a sus propios vecinos…

Gilbert se volteó y miró con desconfianza a los presentes.

—Yo creo que es Matt.

—¿Cómo? —intervino el acusado—. ¿Otra vez?

—Cierto, Judy le acusó siempre. ¡Y ahora ella está muerta!

—¿De verdad creéis que si yo fuera el lobo, mataría a Judy? Sería tirarme piedras contra mi propio tejado…

—Tiene razón —habló Catherina—, Samuel está muy raro desde hace unas semanas… Y apenas ha hablado desde la muerte de Morgan.

—¡Serás puta! —insultó el pregonero ante aquella acusación—. ¿Cómo te atreves?

—¡Calmaos, calmaos! —pidió el alcalde—. Lo haremos a su manera. Votaremos uno a uno, y punto. Empecemos: ¿quién cree que fue Matt?

Todos los que se encontraban en el lado izquierdo levantaron la mano.

—Nueve —contó y se volvió al lateral de los inocentes—. Diez, once, doce… Veinte. Viendo el resultado creo que no es necesario proseguir con los demás…

—¿¡Qué!? —exclamó el acusado—. Tenéis que estar bromeando.

—Lo siento, Matt —intervino Carl—. Es más de la mayoría…

La agente Kim y el comisario Carl esposaron a Matt y se lo llevaron a la comisaria entre los abucheos de los presentes.

—Carl —comenzó diciendo Matt—, ¿cómo puedes permitir esto? ¿Acaso ya no importa que tú seas la ley?

—Mi deber es proteger este pueblo y si encerrándote lo consigo que así sea…

—No me fio de ese, Zuk Folkor… —manifestó el preso.

—Matt —intervino Kim—, siento que tengas que pasar por esto, pero estoy con el comisario. Si mañana al amanecer descubrimos otra víctima, el cazador y los demás aldeanos te deberán una disculpa.

El comisario le miró con semblante serio pero no dijo nada hasta que lo encerró en la celda.

—Yo haré la primera guardia, pues retírate, Kim —anunció Carl.

La agente asintió con la cabeza y se marchó de allí. El comisario se acercó a la celda y observó a Matt.

—Yo tampoco me fio de él —confesó sacándose un cigarrillo—, llevo observándole desde su llegada. No me gustó un pelo como sacó información en la taberna.

—Entonces, ¿por qué me tienes aquí encerrado? ¿Por qué obedeces sus órdenes?

—Pues porque soy policía. Y me debo a la seguridad de los habitantes del pueblo…

—Eres una marioneta —acusó Matt acercándose a los barrotes—, y siempre lo serás.

Carl frunció el ceño, dio una larga calada al cigarro y se alejó de allí sin abrir la boca.

La lluvia no cesó en todo el día, y la noche se adelantó con la llegada de unas nubes negras que descargaron sobre el pueblo una fuerte tormenta. El alcalde, el cazador y unos cuantos hombres más se resguardaban de la lluvia en el interior de la taberna.

—Creo que es el momento de ir a visitar a nuestro amigo Matt —anunció Zuk acabándose la jarra de cerveza de un sorbo y levantándose de la silla.

Arthur lo miró y trató de levantarse pero el cazador se lo impidió.

—Iré yo solo.

El cazador recogió su escopeta y se despidió de los presentes. Salió de la taberna y observó el cielo. Los relámpagos volaban entre las nubes, y los truenos resonaban por las calles vacías. Caminó con paso decidido hasta la comisaría.

Una vez allí, saludó a Kim y observó la habitación.

—¿Estás sola? —preguntó al no divisar a Carl.

—Sí, el comisario está descansando. ¿Necesita algo?

—He venido a vigilar de cerca al preso. Si se convierte en esa bestia dudo que esos barrotes hagan mucho por mantenerlo encerrado.

—Por aquí —indicó Kim abriéndole una puerta con unas escaleras que bajaban hacia las celdas.

El cazador siguió a la mujer sin perder detalle de la sala. Una vez abajo se encontraron con Matt tumbado en la cama. Al parecer dormitaba y permanecía quieto. Un plato de comida permanecía junto a la entrada.

—No ha comido nada en todo el día… —informó Kim.

—¿Algún comportamiento extraño?

—Salvo el de no comer, nada.

—¿Algún suceso en el pueblo? ¿Alborotos, quejas? —quiso saber Zuk.

—Nada, todo en orden. Con este tiempo la gente no ha salido de sus casas.

—Demasiado tranquilo, creo yo…

Los truenos se escuchaban desde allí abajo y una ligera brisa entraba por la ventana de la celda. Kim le ofreció bebida caliente al cazador por lo que lo dejó allí cuando subió a buscarla.

—¿Qué hace aquí? —habló Matt cuando estuvo solo con el cazador.

—Vigilarte, por supuesto…

—¿No deberías de estar ahí fuera por si esa criatura sale a cazar?

—Quizás… Pero algo me dice que no te quite el ojo de encima.

Matt se levantó de la litera y se acercó a la reja. Se agachó y observó el plato. Había patatas y dos trozos de carne que por el aspecto que tenían estaban poco hechos y fríos.

—Estoy sediento, ¿podrías acercarme esa jarra de agua? —dijo señalando la mesa que había en un rincón.

El cazador miró hacia dónde le indicaba y observó una jarra llena de agua y un par de vasos apilados. Asintió con la cabeza y llenó un vaso. Se acercó a la reja y se lo entregó.

—Gracias —susurró llevándoselo a la boca.

Zuk contemplaba con atención todos los movimientos de Matt, lo veía tranquilo, fresco y observador, cuando de repente comenzó a sufrir espasmos.

—¡Agente Kardashian! —gritó el cazador al tiempo que se retrocedía un par de pasos—. ¡Agente!

Matt dejó caer el vaso y se cogió a los barrotes. Se llevó las manos a la garganta y ahogó un grito. Kim bajó tan rápido como pudo las escaleras, alertada por los gritos. Observó la situación y comprendió que algo le ocurría a Matt. Se acercó a la celda y contempló horrorizada como comenzaba a sufrir fuertes convulsiones. Se apartó de la reja y se volvió hacia el cazador.

—¿Qué está pasando? —preguntó, y en el mismo instante en que vio el vaso en el suelo desenfundó el arma—. ¡No te muevas!

—Solo le di agua de esa jarra—indicó con un gesto de la cabeza al tiempo que alzaba las manos.

Kim desvió la mirada y contempló la mesa. El cazador dio un paso atrás acercándose a su escopeta.

—He dicho que no te muevas —repitió Kim al ver sus intenciones.

Matt seguía retorciéndose en el suelo cuando emitió un grito desgarrador. Kim se volvió y contempló como su cuerpo comenzaba a llenarse de pelo. Sus manos iban adquiriendo la forma de unas garras al tiempo que su rostro se alargaba hasta transformarse en un hocico de dientes afilados.

—¡Es el lobo! —gritó el cazador atónito ante lo que acababa de presenciar.

Kim observó como la bestia les observaba con los ojos inyectados en sangre. Zuk desobedeciendo las órdenes de la policía se agachó para recoger su escopeta. Kim de apuntarlo y se volvió hacia la criatura. El lobo aprovechó esos momentos confusión para arrancar uno de los barrotes y salir de su prisión.

—¡Dispárale! —ordenó el cazador al ver que Kim no hacía nada.

El lobo se abalanzó sobre ella derribándola. La pistola salió despedida, lejos de su alcance. La criatura clavó sus colmillos en la pierna de la policía y se lanzó contra la yugular del cazador quien todavía estaba quitándole el seguro a la escopeta.

El disparó resonó por todo el pueblo, la criatura y el cazador cayeron al suelo. Kim trató de reincorporarse cuando se percató de la mordedura en el cuello de Zuk, se arrastró hasta él y presionó la herida. La sangre manaba a borbotones y el cazador permanecía con los ojos en blanco en el suelo.

Kim observó al lobo de soslayo, tenía medio estómago abierto y las tripas y vísceras caían de su interior formando un extenso charco de sangre a su alrededor.

Minutos después Carl y varios hombres llegaron alertados por el disparo y por los gritos de auxilio de Kim.

—¿Ha terminado? —preguntó Carl al ver el animal en el suelo.

—La bruja tenía razón —asintió Kim—, en todo.

Los presentes desviaron la mirada hacia el cuerpo sin vida del cazador y lamentaron su pérdida. Ayudaron a Kim a levantarse y la llevaron a casa del doctor Nil para que mirara su herida en la pierna. Los demás, recogieron el cuerpo del cazador y lo llevaron al cementerio.

Los restos del lobo fueron llevados a una hoguera que se consumieron hasta quedar reducido a cenizas. Los habitantes del pueblo respiraron aliviados al conocer el destino fatal de la criatura.

En la lejanía, las campanas volvieron a sonar en un acto doble. La celebración de la muerte de la bestia y en honor a Zuk, el cazador que dio su vida por ellos.

(Extensión mínima de 3000 palabras con un final cerrado, formato y temática libre)

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