169# Archienemigo

El secreto de mi felicidad radica en vivir la vida como si no hubiera un mañana. Por ese motivo, siempre que el reloj toca las doce, salgo de mi cama y subo la escalera con energías renovadas. A esa hora la viuda de Coloma está durmiendo en una tumbona, junto a ella, sobre la mesita, hay un frasco de pastillas y un vaso de agua con una dentadura postiza en su interior.

Trepo por los barrotes y abro la puertecilla de la jaula. Una vez en el exterior, desciendo hasta el suelo, me adentro bajo el sofá y de un salto subo en mi Lamborghini. Enciendo la radio y comienzo a escuchar una canción triste: un tango melancólico que hace que cambie de emisora al instante.

Arranco y conduzco por la habitación hasta salir al pasillo. Cuando llego al comedor observo la cama de mi archienemigo Félix. En un par de días vuelve de su visita al veterinario y estoy preparándole una sorpresa que nunca olvidará.

Es un regalo de bienvenida que consiste en marcar el territorio frotándome en todas sus cosas, impregnando todo su mundo con mi olor, para que cuando regrese sepa quién manda en esta casa. Vivo aquí desde mucho antes de su llegada, pero a partir de aquel momento la jerarquía cambió. Como un simple roedor cualquiera he estado relegado a ser la otra mascota, esa que nadie quiere coger y abrazar.

No hay amuleto o talismán que puedan salvar al gato de mi brillante idea, y estoy deseando ver su cara cuando descubra el pastel. Consciente de que será imposible establecer una alianza entre Félix y yo después de esto, vivo como si hoy fuera el último día, subido en mi deportivo naranja apretando al máximo el acelerador durante toda la noche.

(Debía estar escrito en presente y aparecer las palabras: tango, roedor, escalera, talismán, alianza, frasco, viuda, regalo, naranja, mañana, secreto y doce)

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