170# El poema perfecto

Me siento frente al escritorio. Dejo la taza de café en un lateral y cojo una hoja y un lápiz. De fondo, en la minicadena, escucho la banda sonora de “El Señor de los anillos”. Cierro los ojos y me dejo envolver por la música. Es una melodía tranquila, con un coro de voces celestiales, rápidamente me vienen a la cabeza los elfos de Lorien. Si mal no recuerdo esa canción suena cuando llegan al bosque. Pero no quiero escribir sobre elfos, no recuerdo el porqué pero les tengo un poco de tirria, así que pienso en otro bosque: Fangorn.

Inmediatamente me pongo a escribir lo primero que se me pasa por la cabeza y para mi sorpresa me descubro haciendo un poema. Termino y lo leo en voz alta.

 “En Fangorn los encontrarás

y con sus pociones crecerás.

Al verlos juntos temerás

y para no ser aplastado rezarás”

Tacho “rezarás” y escribo “correrás”. Vuelvo a leerlo otra vez y aprieto los labios. Rimar, rima; pero poco más. Escucho las primeras notas de El puente de Khazad Dum y niego con la cabeza. Ahora son los enanos los que invaden mi mente. Rememoro las imágenes de las minas de Moria: sus enormes estancias y profundos pozos. Me rasco la cabeza y me propongo escribir otro poema.

“Viven bajo las montañas,

tozudos y orgullosos,

bajitos y con grandes barbas,

guardan sus grandes tesoros.”

Lo leo y no me transmite nada. Lo comparo con el primero y me parecen igual de malos. Arqueo una ceja y lanzo un bufido. Pruebo con un tercero. Intento concentrarme en la música, pero apenas la escucho. Pasados unos segundos, me parece oír una flauta y rápidamente fluyen por mi mente imágenes de la Comarca.

“Contentos y bailando los encontrarás

y en sus agujeros los verás,

fumando con su pipa estarán

y desapercibidos te pasarán.”

Termino de escribir, lo leo y me rio inesperadamente. Pienso que estoy centrándome demasiado en la Tierra Media e intento cambiar de registro. Me levanto y me acerco a la minicadena, cambio el CD y vuelvo al escritorio.

Veo la taza y me acuerdo del café. La miro: sigue llena. La recojo y me la llevo a la boca pero ya está frío y su sabor no me gusta. Pese a ello, le doy otro sorbo hasta terminármelo. Miro la hoja durante unos segundos y escribo otro poema.

“En el monte Olimpo,

todo son alegrías y diversión

pero desde hace un tiempo,

emerge una revolución.”

Algo me hace leerlo otra vez, escuchando, esta vez, su musicalidad. Resuena en mi cabeza, dejando un poso que me hace poner serio. Parece que tiene un mensaje aunque no llego a comprender toda su magnitud. Pero este me puede valer. Mientras la idea se va asentando en mi cabeza oigo los primeros acordes de una melodía de corte futurista. Cierro los ojos y me dejo llevar por la música.

Sonrío. Tengo el poema perfecto.

Cojo el lápiz y comienzo a escribirlo.

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6 thoughts on “170# El poema perfecto

    1. La verdad es que yo voy a rachas, normalmente suelo escuchar música mientras leo o escribo, pero a veces me gusta hacerlo en silencio. Va a días… ;·)

      Gracias por pasarte por aquí. Un saludo.

      ¡Nos leemos!

      Le gusta a 1 persona

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