178# El cementerio

Susana esperaba a su ejército de no-muertos en la entrada de la cripta. Había despertado de su descanso eterno sin saber cómo y los otros muertos vivientes obedecían sus órdenes sin objeción.

Se observaba las manos. Movía los dedos con una vivacidad antinatural. La putrefacción estaba avanzada y parte de la piel se le había caído a tiras para dejar a la vista unos huesos resquebrajados. Notaba un impalpable hormigueo en el pecho que la carcomía. Se levantó la blusa y descubrió cómo unas enormes cresas blancas se comían lo poco que quedaba de sus entrañas.

Los muertos vivientes se agruparon frente a ella y esperaban sus órdenes en silencio. Susana caminaba con flema entre ellos percibiendo la maldad que emanaban sus putrefactos cuerpos. El crujido de su propia carne rasgándose al sonreír la hizo detener.

Con un atronador lamento afásico ordenó a su ejército que sembrara el caos en la ciudad. Los no-muertos iniciaron su marcha por el cementerio y arrancaron las enormes puertas que les separaban del mundo de los vivos. Susana fluyó taciturna hasta la cripta, la contempló memorizando su imagen y, con una reverencia sarcástica, se despidió de su viejo hogar.

(El relato debía comenzar con la frase inicial: Susana esperaba)

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