179# Death Race

Días antes había observado la tarjeta con curiosidad y expectación. Era una invitación para el cumpleaños de mi colega Facundo. El tío es un flipado de la vida, un niño mimado que ha tenido y tiene todo lo que se propone; pero es uno de mis mejores amigos y este año, al parecer, iba a celebrar su vigésimo tercer cumpleaños en un karting.

No tenía ni idea de quiénes íbamos a ir pero me imaginé que su primo Manuel y el pesado de Bernardo no faltarían. Volví a mirar la tarjeta cuando llegué a mi destino:

“Luis, has sido elegido junto a otras cinco personas. Ponte el casco, ajústate los guantes y pisa el acelerador, porque eres uno de los participantes de la Death Race.”

Todos me estaban esperando cuando entré al karting. Observé a los presentes: Facundo flirtreaba con la recepcionista mientras el grupo miraba una réplica en miniatura del circuito; Pedro se reía de un comentario que acababa de hacer Mario.

—No hace falta que aprietes tan fuerte —le dijo a Pedro cuando este le agarró del brazo—. Reserva tus energías para la carrera, ¡panoli!

—¿Ya comenzáis? —intervine acercándome a ellos.

—¡Hombre! Pero si es Luis —habló Bernardo—. Ya pensábamos que te habías rajado…

—¿Y perderme la oportunidad de machacarte?

Facundo al escuchar nuestras carcajadas se volteó y se aproximó.

—Veo que ya estamos todos. ¿Empezamos?

El cumpleañero le hizo un gesto a la recepcionista y segundos después apareció un hombre vestido con un mono de color negro que nos hizo seguirle. Entramos en un aula decorada con banderas e imágenes de grandes leyendas del mundo del motor.

—Sentaos —habló señalando las sillas—. Seré vuestro instructor durante todo el Gran Premio. —Hizo una pausa y nos miró uno a uno—. Primero os explicaré como funciona todo y luego os subiréis a los karts. ¿Entendido?

Asentimos con la cabeza. Miré a mis compañeros y me senté derecho en la silla.

—No quiero colisiones ni jugarretas —dijo mirando a Facundo—. Tendréis en todo momento un pica-pica aquí en la sala. Si queréis beber o comer algo lo tendréis preparado una vez os hayáis puesto los monos de competición que os daré al acabar esta charla.

—¿Pica-pica? ¿En serio?

—Cómo te las gastas, Facundo… —exclamó Pedro.

—Como veo que todos sois mayorcitos, iré directo al grano. —Nos miró con semblante serio—. Pedal derecho: acelerador; pedal izquierdo: freno. Sencillo.

El instructor se acercó a la mesa y agarró dos banderas.

—La de cuadros significa que se ha acabado el tiempo y tenéis que entrar en boxes. Cuando veáis esta bandera reducir la velocidad —dijo alzando una bandera de color amarillo—. Vigilad en las curvas: parece que estos cacharros no corren pero si os chocáis entre vosotros os podéis hacer mucho daño. —Dejó las banderas en su sitio y caminó hasta una puerta que había detrás de él—. ¡Seguidme!

Nos levantamos y entramos en otra sala muy parecida a la anterior pero en vez de sillas había un podio en el centro. Facundo se acercó al podio y se subió al primer escalón.

—¡Os voy a follar! ¡Aquí voy a terminar hoy! —dijo señalando el número uno.

Pedro y Mario comenzaron a reír.

—No te lo crees ni tú. A ver si te va a ganar tu primo… — intervino Bernardo.

—Yo nunca he conducido un kart… —informó Manuel poniéndose rojo.

—¡Chicos! —nos llamó el instructor—. Aquí en los vestuarios tenéis los monos y los cascos.

Entré en la sala y la contemplé: monos de diferentes colores y tamaños colgaban de una barra que iba de pared a pared; en el centro estaban los cascos. Nos cambiamos y volvimos a salir a la sala donde se encontraba el podio.

Habían colocado, en uno de los laterales, una larga mesa y estaba llena de comida: patatas, olivas, trozos de queso y mini bocadillos; para beber había un par de latas de refrescos y cervezas sin alcohol.

—¡¿Bocadillos de Nocilla!? —exclamé cogiendo uno.

—No es Nocilla —negó Facundo acercándose a mí—. Son de Nutella que está mucho más buena.

Hice un gesto de desaprobación y lo dejé en su sitio.

—¿Qué haces? ¿No irás a dejarlo ahí verdad?

—Es que a mí la Nutella no me gusta…

—Que no te… —balbuceó Facundo cogiendo el bocadillo que acababa de dejar—. Pues ya me lo como yo, tranquilo…

—Una cervecita para inaugurar, ¿no? —sugirió Bernardo.

Todos cogimos una lata y brindamos antes de dirigirnos hacia la pista.

El instructor estaba esperándonos junto a los karts y nos hizo subir uno a uno. Una vez sentado, me acomodé y miré a mis compañeros. Estaba situado detrás de Pedro y Facundo, quien salía en primera posición. Justo a mi espalda se encontraban Mario y Bernardo, cerrando el grupo estaba Manuel.

—Tenéis cinco minutos de calentamiento —nos recordó el instructor.

Fueron arrancándonos el motor y salimos uno tras otro. La salida de boxes era cerrada y angosta pero una vez en pista me sorprendí al ver su anchura. Apreté el acelerador a fondo y traté de seguir a Pedro copiándole la trazada. Miré de reojo en la primera curva y descubrí a Mario pegado a mi culo.

—¡Lentorro! —me gritó adelantándome.

Conduje lo más rápido que pude pero los tres de la cabeza se fueron alejando hasta que los perdí de vista. En la recta principal me volví y observé como Bernardo y Manuel conducían muy cerca entre sí. Cuando pasé por segunda vez por la recta me fijé que había una pantalla que contenía una tabla de los tiempos que hacíamos por vuelta. Los tres primeros me sacaban más de un segundo por cada giro que daba. Pasé el resto del calentamiento memorizando el circuito y aprendiéndome la trazada.

Cuando paramos en boxes y nos dirigimos a la sala me sentí cansado. El sudor me caía por la espalda y los brazos me dolían.

—¡Ja! —exclamó Facundo al comprobar los tiempos en la pantalla—. He sido el único que ha bajado de los cincuenta segundos…

—Estoy reventado —intervino Manuel mientras se masajeaba el antebrazo—, no veas como tengo los brazos.

—¿Sí, no? —exclamé—. A mí me duelen de hacer fuerza con el volante. He conducido tenso todo el rato.

—Pues si los dos parecíais tortugas —habló Pedro cogiendo otra cerveza—. Espero que en la clasificación no me molestéis…

—No puedo ir más rápido —se excusó Manuel—, el kart me derrapa mucho. ¿Cómo lo hacéis vosotros?

—Yo apenas uso el freno —intervino Facundo—. Freno al final de la recta y en la chicane. Lo demás, gas a fondo.

—¿Gas a fondo?

—Claro, ¿si no que gracia tiene?

—No te lo crees ni tú lo del gas a fondo —hablo Mario—, si no sueltas el acelerador no eres capaz de entrar con buena trazada en las curvas.

—¿Qué no? —Facundo se volvió a la pantalla—. Te saco medio segundo por vuelta. Ve soltando el acelerador, ve…

Tras unos minutos intercambiando impresiones e hidratándonos, volvimos a la pista.

—Tenéis ocho minutos de clasificación —explicó el instructor—. ¿Alguna pregunta?

Al ver que nadie dijo nada comenzó a arrancar el motor de los karts. Esta vez salía en última posición, justo por detrás de Bernardo. Decidí mantenerme a una distancia prudencial mientras observaba la trazada que seguía.

En la primera vuelta nos topamos con una bandera amarilla indicándonos que aminoráramos la velocidad en la zona de la chicane. Bernardo y yo adelantamos a Manuel quien había trompeado y esperaba a que pasáramos para retomar la clasificación.

Al concluir la primera vuelta obtuve el quinto mejor tiempo, cuatro segundos más lento que Mario, quien ocupaba la primera plaza. Volví a copiar la trazada de Bernardo una vuelta más, y esta vez, la distancia con el mejor crono tan solo era de dos segundos. Me sentía más rápido que Bernardo y traté de adelantarlo en la chicane, nos pusimos en paralelo y le obligué a frenar en la salida. Continué lo más rápido que puede y miré los tiempos. Al parecer había perdido más tiempo del que creía en el adelantamiento. No había conseguido mejorar mi registro.

Antes de llegar al final de la recta miré hacia atrás, no había rastro de mi perseguidor. Relajado por la ausencia de presión comencé a conducir tratando de utilizar lo mínimo los frenos. En la primera de las vueltas sin nadie por delante ni detrás, conseguí bajar mi tiempo casi un segundo; en la segunda, en la curva que había después de la chicane me pareció ver el kart de Facundo.

Pese a la distancia que nos separaba conseguí ver que trazada seguía y la copié. No conseguía acercarme a él pero contemplé como mis tiempos se acercaban a los de la cabeza. Facundo iba en cabeza y Mario había sido relegado a la segunda posición. El dolor en los antebrazos comenzó a pesar demasiado y me obligó a reducir un poco el ritmo.

El instructor comenzó a ondear la bandera a cuadros y solté el pedal del acelerador. Conducía despacio el trozo que me quedaba hasta los boxes cuando Pedro me sorprendió adelantándome a toda velocidad. Le seguí con la mirada hasta que lo perdí en la entrada de la recta principal.

Pedro fue el último en llegar a la sala de descanso y corrió hasta la pantalla con los resultados de la clasificación.

—¡Sí! —gritó alzando los brazos—. ¡Segundo!

—¿Qué? —exclamó sorprendido Mario—. No puede ser…

—Menuda última vuelta me he hecho… —explicó señalando su crono—. ¡Por una puta milésima no he quedado primero!

Facundo al escuchar eso se acercó a la pantalla y comparó los tiempos. Salvo Manuel, todos habíamos conseguido bajar de los cincuenta segundos por vuelta.

—Estáis en otra liga… —dijo Manuel entre risas.

—Joder, Luis —espetó Bernardo—, eres el que más ha mejorado sus tiempos. Pero tampoco te ha servido de mucho… Sales solo una posición por delante de mí.

—Bueno, yo voy in crescendo. Ahora en la carrera lo daré todo.

El dolor en los brazos persistía y me senté abatido en una de las sillas. Cerré los ojos, respiré profundamente y zarandeé los brazos para relajarlos.

—Cansa, ¿eh?

Abrí los ojos. Manuel se sentó en la silla que había a mi lado y me ofreció una cerveza.

—Gracias. —Alargué la mano y cogí la lata—. La verdad es que los brazos me duelen un montón. Y ahora estoy comenzando a notar dolor en las costillas…

—Pues creo que la carrera es a diez vueltas…

—¿Diez? —suspiré abatido—. Pues se me hará eterna.

Estuvimos en la sala unos quince minutos que nos sirvieron a todos, y especialmente a mí, para recuperar fuerzas y descansar. Luego salimos a la pista por última vez y nos subimos a los karts.

—Salid de boxes, dar una vuelta y os vais colocando donde yo os diga —ordenó el instructor encendiendo los motores—. El semáforo os dará la salida.

Conduje el kart hasta colocarme en la cuarta posición. Era consciente de que era la última tanda y tenía que darlo todo. Miré las luces del semáforo y me agarré bien al volante. El semáforo se encendió y Facundo y Mario comenzaron a dar acelerones.

Las luces se pararon y apreté el acelerador a fondo. Conseguí adelantar a Mario en la salida, colándome por su interior al final de la recta. Facundo lideraba la carrera seguido muy de cerca por Pedro. Al salir de la primera curva, miré hacia atrás y observé como tenía una buena distancia con Mario, así que me centré en no perder de vista a los dos que tenía por delante.

Llegué a la chicane muy pasado y me vi obligado a derrapar para no irme recto. Mario estuvo a punto de adelantarme pero conseguí cerrarle en el último segundo. Lo escuché maldecir mientras enfilábamos hacia la línea de meta. Facundo iba dos décimas por delante de Pedro y yo estaba a cinco segundos de ellos, les había perdido de vista al salir de la chicane.

Mario trató de adelantarme en el mismo punto en el que le había adelantado yo pero se pasó de frenada. Cuando salí de la curva vi como volvía a existir cierta distancia entre ambos.

Las dos siguientes vueltas transcurrieron sin ningún percance. Mi ritmo era perfecto, me acercaba paulatinamente a la cabeza y metía distancia entre Mario y yo. Pero no fue hasta la sexta vuelta cuando me pareció ver a Pedro salir de la chicane cuando yo entraba.

Al llegar a la entrada de la recta principal pude ver tanto el kart de Facundo como el de Pedro. Las costillas y los brazos me dolían una barbaridad pero continué pese al dolor. Miré de reojo el panel de tiempos y tan solo me separaban tres segundos. Nuestros tiempos por vuelta era muy similares y solo podía acercarme cuando Pedro trataba de adelantar a Facundo y ambos perdían algo de tiempo en la maniobra.

Observé como el instructor se colocó en uno de los laterales de la recta principal con un cartel en el que indicaba que se entraba en la última vuelta.

Miré el panel: seguía a dos segundos de la cabeza, Mario ya estaba a tres por detrás, y Manuel al parecer había adelantado a Bernardo y le sacaba seis segundos. Salvo un accidente la clasificación quedaría así. Conduje lo más prudente que pude y llegué a la meta sin contratiempos. El instructor ondeó la bandera a cuadros y observé como Facundo y Pedro casi se habían parado tras la primera curva.

—¡Me ha faltado una vuelta! —gritaba Pedro mientras Facundo se reía.

Llegué a boxes y aparqué el kart. Cuando traté de ponerme en pie, el dolor de costillas hizo que me flexionara inconscientemente. Caminé hasta la sala de descanso y fui directo a sentarme. Segundos más tarde, Facundo entró pletórico en la sala, dando saltos de alegría. Corrió hasta el podio y se subió en el escalón más alto.

—¡Os lo dije! ¡Os lo dije! —gritó—. ¡Soy el puto amo!

El instructor entró detrás de nosotros. Se acercó al podio y nos pidió que nos acercáramos.

—Tú puedes quedarte ahí arriba —le dijo a Facundo—. ¿Pedro…? Puede subir a la izquierda del podio y tú. —Dirigiéndose a mí—. Completas el podio.

La música de We are the champions de Queen comenzó a sonar por los altavoces y el instructor le entregó una copa a Facundo e inmortalizó el momento con una fotografía.

—Pues… esto es todo , chicos —anunció con una sonrisa—. Espero que hayáis disfrutado. Tomaos el tiempo que queráis para acabaros el pica-pica y cambiaros, tenéis duchas en los vestuarios.

El instructor se marchó de la sala y nos acercamos a la mesa. Agarramos una cerveza cada uno y la alzamos.

—¡Felicidades, Facundo!

 

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2 thoughts on “179# Death Race

  1. “No tenía ni idea de quienes íbamos a ir …” Quiénes.
    “…ajústate los guantes y aprieta el acelerador…” Sugiero “pisa el acelerador”.
    “Facundo filtreaba con la recepcionista…” Flirteaba
    “—¿Pica-pica? ¿Enserio?” ¿En serio?
    “—Cómo te las gastas Facundo… —exclamó Pedro.” —Cómo te las gastasCOMA Facundo…
    “A ver si te va a ganar tú primo…” Tu primo.
    “—Pues sí yo nunca he conducido un kart…” Sobra el pues, y el Sí sin acento.
    “—balbuceó Facundo cogiendo el bocadillo que acaba de dejar—. Pues ya me lo como yo tranquilo…” acababa. Pues ya me lo como yoCOMA tranquilo.
    “—¿Si, no? —exclamé—.” ¿Sí, no?
    ” —hablo Pedro cogiendo otra cerveza—.” Habló.
    “—Claro, ¿si no que gracia tiene?” ¿sino, qué gracia tiene?
    “—hablo Mario—” Habló.
    “Ves soltando el acelerador, ves…” Ve soltando el acelerador, ve. Esto es un error que hacemos los catalanes.
    “Cuando salí de la curva vi como volvía a haber cierta distancia entre ambos.” Sugiero “volvía a existir” para evitar el A HABER.
    “—Pues esto es todo chicos” Pues esto es todoCOMA chicos.

    Un relato muy descriptivo, pero al tratarse de un evento cotidiano es aburrido. Le falta salsa a mi parecer. Esto, en un libro, cortaría mucho el ritmo, por ejemplo; a no ser que durante la escena pasara algo significativo. Aquí, salvo el dolor de los brazos, no hay ningún hito de desafío que tengan que superar los personajes, ya que, para el lector, el que quedara primero le es indiferente.

    Otro asunto.
    Yo, al narrar, empiezo la frase contextualizando el tiempo, separo con coma y escribo la acción.
    Ejemplo: Cuando Pepito nosequé, se caga en su puta madre.
    Tú narras de la misma manera pero sin la coma.
    ¿Me sabrías decir que es mejor o más correcto?

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  2. Que horror, cuántas cosas a revisar, jajaja. Ahora reviso el relato en profundidad… Sobre las comas que me comentas al final, esta más que demostrado aquí y en otros relatos que tengo un serio problema con el uso de la coma. :·( Más mejor y más correcto tu forma de hacerlo, jeje.

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