183# Atardeceres

El enterrador se postró frente al alcalde y le barró el paso.

—Quiero enterrarla junto a la casa —exigió con los brazos cruzados.

—¿A Elisabeth?

—Sí —afirmó con un movimiento de cabeza.

—Eso no me lo esperaba… —confesó el alcalde—. Su muerte te ha afectado más de lo que creía, Luke.

—No me toques las pelotas, vejestorio. —Lo agarró del cuello de la camisa y lo empotró contra la pared—. No pienso dejar a mi mujer rodeada de desconocidos.

—¡Luke! —gritó el alcalde, quitándoselo de encima—. No puedes enterrarla donde a ti te apetezca. Administrativamente ya tiene una plaza asignada… Ya sabes cómo funciona todo esto.

El enterrador dio unos pasos atrás y se marchó hacia el cementerio. Caminó con rapidez hasta llegar a su casa, cerró con un portazo y se dejó caer de espaldas contra la puerta.

Tras darse unos segundos de respiro, se acercó al espejo que había en el recibidor y se miró. Estaba rojo como un tomate y una vena se le dibujaba en la frente.

Fue a la cocina y sacó una cerveza de la nevera. Mientras bebía, recordó la última vez que vio con vida a Beth y sin poder evitarlo sonrió. El teléfono sonó, haciéndole volver a la realidad y lanzó la botella contra el fregadero movido por la impotencia.

Se acercó a la entrada y tras exhalar profundamente, descolgó.

—¿Sí?

Luke se volteó y se contempló otra vez en el espejo.

—Gracias —contestó asintiendo con la cabeza—. El entierro es mañana al mediodía. —Esperó—. Sí. Gracias, adiós.

Corrió escaleras arriba y se cambió de ropa. Vestido totalmente de negro, salió de casa y caminó hasta la caseta donde guardaba las herramientas de trabajo. De allí cogió la carretilla y la pala que había utilizado tantas otras veces para cumplir con su obligación.

Se marchó del cementerio, dirección a la morgue, cuando el sol comenzaba a ocultarse tras las montañas. Llegó a la parte trasera del depósito de cadáveres, se acercó a la puerta y con un golpe de pala reventó la cerradura que le impedía el paso.

Se adentró en el depósito, revisando las salas en busca de su mujer. La localizó en el mismo velatorio en el que había pasado todo el día recibiendo el pésame de amigos y conocidos. Acercó la carretilla, depositó el cuerpo de Beth con cuidado sobre ella y se marchó de la morgue con el mayor sigilo posible.

De vuelta en el cementerio, se dirigió a la parte de atrás de su casa y comenzó a cavar un agujero, frente al banco donde se habían sentado durante años a contemplar los atardeceres. Dejó el cuerpo de su esposa en la fosa que acababa de hacer y lo contempló en silencio unos minutos.

Luke escuchó el tañido de las campanas a lo lejos y comenzó a cubrir de tierra a Beth. Sentía que con cada palada que tiraba sobre su mujer le era arrebatado un pedazo de su vida.

(El protagonista del relato debía ser un enterrador que pasara una fase de duelo y apareciera la frase: no me lo esperaba)

 

 

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2 thoughts on “183# Atardeceres

  1. “—¿A Elisabeth?” O ha habido una masacre o es una pregunta un tanto absurda.

    “—Sí —afirmó con un movimiento de la cabeza.” sugiero: de cabeza.

    Esto es un microrelato de esos de palabras ajustadas, ¿no? Lo digo porque no acabo de pillarle un gancho.
    Recomiendo no describir tanto su momento solitario en casa y expandir más su “operación despedida de Beth”.
    De hecho, el momento que sonríe recordando a su mujer no creo que sea eso posible. Quizá con el tiempo, tras el duelo, pero no con la pérdida tan reciente.
    Un relato con buenas intenciones, pero le metería otra mano. Seguro que cambiarías cosas.

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