184# Malditos ladrones

(Continuación “La vitrina central”)

—Las manos donde podamos verlas —habla uno de los policías.

Rachel se vuelve hacia mí y me mira con cara de no comprender nada.

—¿Qué está pasando, Ian? —me susurra.

Me encojo de hombros y doy un paso al frente.

—¡No se mueva! —dice el otro policía al tiempo que desenfunda su pistola.

—Vale, vale… —exclamo retrocediendo nuevamente—. No hace falta llegar a estos extremos.

—¿Pueden explicarnos qué está pasando? —quiso saber Rachel.

—Nos han informado que habían visto a alguien fisgoneando aquí abajo —explica el policía que nos apunta con el arma—. Y por lo visto os hemos pillado con las manos en la masa, malditos ladrones…

—No hemos robado nada —interviene Rachel bajando los brazos—. Mi acompañante y yo estábamos buscando un lugar tranquilo donde… ya me entiende —añade mientras se enrosca el pelo en un dedo.

Noto como un calor me invade y se me sonrojan las mejillas.

—Rachel… —musito por lo bajo.

—¿Qué? —exclama volviéndose a mí—. ¿Prefieres qué crean que somos ladrones?

Trago saliva y miro al suelo siguiéndole el juego.

El policía que mantiene la pistola en alto mira a su compañero y baja el arma.

—De todas formas —comienza diciendo—, esto que querían hacer va en contra de las leyes cívicas… Tendrán que acompañarnos arriba donde hablarán con el jefe de seguridad.

—Por supuesto —contesta afablemente Rachel—. ¿Verdad, querido?

Asiento con la cabeza y me acabo de colocar la chaqueta.

Ambos policías nos escoltan de vuelta al hall y una vez allí las miradas se dirigen hacia nosotros.

Camino buscando con la mirada a Dave pero no lo encuentro por ningún lado. En uno de los extremos de la sala nos espera el que parece ser el jefe de seguridad.

—Les hemos encontrado en la sala de restauración. Al parecer querían practicar relaciones sexuales allí abajo —explica uno de los policías a su superior.

—¿Relaciones sexuales?

—Bueno, es lo que nos dijo la señorita…

—¿Y le habéis creído de buenas a primeras? —espeta con tono molesto—. ¿Les habéis registrado?

De inmediato el policía que permanecía a mi espalda se me acerca y agarrándome de los brazos, me coloca unas esposas.

Los invitados comienzan a acercarse a nuestra posición al contemplar la escena.

—Tranquilo —espeto al ver con la ansiedad que ejerce su autoridad—. No tengo nada que ocultar. Puedes cachearme sin problemas, no voy a resistirme.

Rachel mira al jefe de seguridad y extiende los brazos para que le coloquen las esposas cuando de repente se apagan todas las luces.

El grito de sorpresa de los presentes es apagado por el sonido de un cristal haciéndose añicos.

—¡Nos están robando! —exclama el jefe de seguridad—. Que todo el mundo se tire al suelo. ¡Rápido!

Noto como unos brazos me rodean y me lanzan hacia abajo.

—Se nos han adelantado —me susurra Rachel al oído.

Contemplo como un par de linternas inspeccionan la sala, se acercan a la vitrina central y corroboran nuestras suposiciones. Sin nada que poder hacer permanezco en silencio y espero a que todo vuelva a la normalidad.

A los pocos minutos vuelve la luz y los presentes miramos a nuestro alrededor. Contemplo a Rachel, su rostro refleja la decepción y la impotencia. Se levanta y me ayuda a ponerme en pie.

—Ustedes dos. No pueden moverse —exclama el policía que había comenzado a registrarme.

—No voy a ir a ningún sitio con estas esposas… —contesto mostrándoselas.

—Aseguraos de que nadie salga del museo —ordena el jefe de seguridad—. Voy a pedir refuerzos, hay mucha gente a la que interrogar.

—¿Interrogar? —exclama Arthur Bennett—. No estará insinuando que alguno de nosotros tenemos algo que ver, ¿verdad?

—Quizás usted sea de los pocos que no, pero aun así. Mi deber es interrogar a todos y cada uno de los presentes. No sabemos si el ladrón sigue aquí o se ha marchado…

Desvío la mirada a la vitrina y contemplo como solo falta la diadema azteca.

—No veo a Dave por ningún lado… —me dice Rachel—. ¿Y si…?

—¡Vosotros dos! —interviene el jefe de policía dirigiéndose a nosotros—. Seréis los primeros. Pasad a aquella sala, por favor.

 

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2 thoughts on “184# Malditos ladrones

  1. “un lugar tranquilo dónde… ya me entiende” donde.
    “Tendrán que acompañarnos arriba donde hablarán con el jefe de seguridad.
    —Por supuesto —habla afablemente Rachel—” Se repite hablar en poco tiempo. Usaría contesta Rachel o responde Rachel.
    “—Ustedes dos, no pueden moverse” Esa coma… mhn… no sé yo. O la quitaba o ponía un punto.
    “—Quizás usted sea de los pocos que no, pero aun así. Mi deber..” pero aun y así COMA mi deber bla bla bla.

    Me ha parecido una escena dinámica, igual que las partes anteriores, pero no he podido evitar pensar que resulta sobre-actuada. Es muy de guais.

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