187# Lunas de Saturno

(Simultánea a “Planeta XX“)

—Os he dicho que no pienso follarme a ninguna de estas putas. Si queréis, nos acercamos a cualquier planeta de mala muerte y me tiro a la primera zorrita que encontremos…

—Nos revientas los planes —interviene uno de mis camaradas—. Tenemos montadas un par de actividades por aquí en la zona antes de irnos…

—Donde tengas la olla, no metas la polla —sentencio cruzándome de brazos.

—Me la suda lo que pienses —grita Rick, empujándome hacia la entrada de lo que parece una vieja iglesia—. Estamos celebrando que ha nacido tu primer hijo legítimo. ¡Así que demuéstrale a ese renacuajo cómo es su padre!

—No nos moveremos de aquí hasta que te hayas corrido en la cara de alguna.

—¡Ahógala con tu leche!

—¡Eso, eso! —grita Rick, sacando su machete—. Después… degüéllala.

No puedo contener la risa y todos acaban imitándome.

—¡Qué cojones! —exclamo acercándome a mis camaradas y reuniéndolos en círculo—. Me la voy a follar y la voy a asfixiar en pleno orgasmo —anuncio en voz baja.

—¡Sí, señor!

Me adentro en el local y contemplo las diferentes opciones que tengo. El olor a rancio inunda el lugar, y a medida que camino por el pasillo comienzo a escuchar gemidos. Me detengo junto a una cortina de color negro; del interior sale humo y un fuerte olor a tabaco y a sexo.

Miro hacia la entrada del local y contemplo a mis camaradas haciéndome gestos obscenos y riendo. Este maldito olor me está irritando y ya no me parece tan divertido como a ellos. Alzo la mano para apartar la cortina y entro cabizbajo.

—Buenas noches. —Miro de reojo hacia la cama esperando no encontrarme con ninguna alienígena cefalópoda.

De entre las sombras aparece una mujer desnuda que gatea hacia mí.

—Déjame ver esa cara —habla con una voz sensual.

Camino hasta situarme bajo la luz del foco y nos miramos mutuamente. Es preciosa. Sus pupilas se dilatan y parpadea antes de recular hasta el cabezal de la cama. Tras apagar el cigarro que sostiene en una de sus manos, me pide que me desnude.

—¿Tu trabajo de jardinero te da problemas? —La escucho decir mientras me quito la camiseta.

Contesto a su pregunta con una evasiva y continúo quitándome la ropa. La prostituta se acerca al borde de la cama con un pañuelo de seda en la mano, e insiste en preguntar por mi trabajo.

—Soy transportista de mercancía viva. —Contemplo cómo sus pequeños pechos danzan para mí y levanta el culo cual gata en celo.

—¿Has estado alguna vez en las lunas de Saturno?

Mi primer trabajo como transportista había sido en un pequeño pueblo en una de ellas. Nunca olvidaría la cara de aquella pequeña zorra al ser violada delante de sus padres. No había vuelto a traficar con mujeres de allí, ni a pisar ninguna de sus lunas desde entonces. Una lástima.

Cuando le digo que solo he estado en Febe su rostro cambia. Reconozco esa mirada, y en ese mismo instante, un relámpago me recorre todo el cuerpo al comprender que la mujer que tengo delante es la misma joven a quien vendí poco después de violar y matar a sus padres. Toca cerrar el círculo.

(Debían aparecer las palabras: sombra y seda)

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