226# Salón Centurión

Cuando me acompañaron hasta la sala de espera y pecharon la puerta me temí lo peor. En ese momento me maldije por haber aceptado aquel trabajo. Por muy suculentos que fueran los beneficios, había altas probabilidades de que no pasara el control de aduanas del aeropuerto.

Agarré el teléfono móvil y miré la pantalla.

Malo será —maldije al ver que no tenía cobertura.

Caminé por la sala con el teléfono en alto, esperando captar un poco de señal. Para mi sorpresa, la puerta se volvió a abrir y el guardia que me había encerrado allí entró custodiando a un joven matrimonio.

—Oiga —hablé—. Quiero realizar una llamada. Aquí dentro no hay cobertura.

El guardia me miró con recelo y negó con la cabeza:

—Déjate de pendejadas. Pronto vendrán por ti y tendrás tiempo de hablar…

Contemplé inmóvil cómo el hombre se marchaba y pechaba de nuevo la puerta. Me volví hacia la pareja y me aclaré la garganta.

—¿Lo lleváis encima, Dimitry? —pregunté volviendo a mirar el teléfono.

Clarro —contestó con un fuerte acento ruso—. Masha ha conseguido burlar sus escánerres.

—¿Lo querer de recuerdo, Marriano? —habló la mujer sacando el diminuto inhibidor de frecuencias de entre sus pechos.

Alargué la mano y lo cogí con lascivia. Me giré y, sin que me vieran, me lo llevé a la nariz para embriagarme con su olor.

Me acerqué a la ventana y comprobé cómo unos trabajadores descargaban las maletas del avión en el que habíamos llegado. Saqué una Glock 16 que ocultaba en mis calcetines y me acerqué a Dimitry.

—Toma —le dije entregándole el arma—. Apunta bien.

Dimitry la amartilló y se colocó junto a la puerta. Contemplé cómo Masha se desgarraba parte de la camisa y se abofeteaba en la mejilla mientras me miraba con una sonrisa malvada.

—¡Socorro! —comenzó a gritar ella golpeando con frenesí la puerta—. ¡Auxilio!

Segundos después, la puerta se abrió y entró un guardia, alarmado. Dimitry, oculto tras la puerta, lo noqueó golpeándole por la espalda. Cuando el hombre cayó, Masha le arrebató el arma y comprobó el cargador.

—Que comience la fase dos —dije desconectando el inhibidor de frecuencias.

Las sirenas comenzaron a sonar por todo el aeropuerto y el pánico se apoderó del lugar. Los tres salimos de aquella sala y corrimos dirección al Salón Centurión. Saqué el teléfono móvil y sonreí al comprobar que ya tenía cobertura.

Marqué el código secreto. El fuerte estruendo y el temblor hicieron que Masha y Dimitry me miraran sonrientes. La explosión de nuestra maleta bomba centraría la atención de seguridad en la otra punta del aeropuerto. Nuestro objetivo carecería de protección cuando llegáramos ante él. La última fase había comenzado.

(La acción debía ocurrir en un aeropuerto)

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